Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Mala clase”

Ítalo Costa Gómez







Creo que una de las huachafadas más grandes que puede haber es irte durante unos pocos meses a un país extranjero y coger el dejo de ese lugar y, lo que es peor, perder tu propia identidad y jurarte parte del “nuevo pueblo” y todo lo que es en realidad tuyo, de tu tierra, te apesta a fuchila. Le haces guácala solo porque crees que la novedad te hace ver más interesante.

[Si serás boludo, ché – ¡Ostias, tío! Joder con tu falta de tu personalidad. No seas gilipollas. – I don´t remember where I’m from, actually now I’m a new ‘american son’ – Híjole, cumpa, recuerda que Eva Ayllón ha viajado por el mundo y sigue enamorada de su país]

Hace poco me pasó un incidente con una amiga que se fue a vivir a Chile que me hizo repasar en ese hecho. Al parecer malinterpretó mi silencio. Confundió lo ocupado que andaba en esos días con indiferencia y me lo hizo saber de una manera bastante cómica.

Cuenta la historia que Fiziana siempre ha sido un poco intensa con su vida amorosa y sus conversaciones giran en torno a su novio. Trato de escucharla con paciencia y darle calma, además de mis muy humildes y bienintencionados consejos. Aunque es más como un monólogo.

Ella: Ítalo, yo lo quiero, pero es un infiel empedernido, aunque creo que ha cambiado. ¿Qué piensas? Seguro que piensas que no.
¡Tienes razón! Soy una tonta por confiar, pero no creo que deba darme por vencida porque lo amoooo, además tira tan rico. Pero es malo para mí, ¿no te parece? Sí, es tóxico. Tienes buen ojo para esas cosas. Creo que voy a hacer lo que tú harías y lucharé hasta el final, aunque no sé… Igual gracias por todo. Me has ayudado mucho. No sé qué hacer. Es confuso. Es tan dañino, pero lo amo. Bueno, ya hablamos. Me siento mejor.

Yo: Hola. Qué bueno. De nada.

Ya. Algo así. 24 – 7. La cosa se puso un poco más jodida cuando se fue a vivir a Chile con él hace como seis meses. Sus dudas se potenciaron y sus inseguridades se salieron de control. Estaba al pie del cañón, hasta la semana pasada que se complicó todo en mi trabajo y mis horarios se desordenaron. No atendía sus mensajes al momento, me demoraba en contestar. Al parecer un día simplemente no respondí su mensaje (cosa que jamás haría adrede) y su reacción me dejó más frío que momia ártica.

Grabó un audio con total acento chileno:

– ¿Sabes qué, Ítalo? Qué mala clase eres. Eres mala clase de verdad por no contestar mis mensajes. Ya no te molestes. Mala clase, po.

El que usara esa típica expresión chilena en su recriminación la hizo muy cómica. No-podía-creerlo. ¡¡Eso sin contar el dejo!! Demasié, como dice el guapo del Jorge Figueroa. Le quise contestar, pero ya me había bloqueado. No es la primera vez. Tiene sus berrinches. Cuando se le pase y me reciba en el rebaño nuevamente le daré menuda carajeada, le diré también que deje al huevonazo que tiene por enamorado y, por último, le haré escuchar un disco de Chabuca Granda y la canción del Gianmarco en los Panamericanos para ver si le regresa el amor perucho que nunca debió dejar ir y se le acaba la cojudez.

[Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliiiiz. De haber nacido en esta hermosa tierra del soooool… Donde el indómito inca siempre tan zapatooooon, legó a su raza la gran herencia de su valoooooor]

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