La belleza atroz de “Un cadáver exquisito”, el nuevo libro de José Luis Barrera

Fernando Morote







José Luis Barrera (Quito, 1983), alimentándose saludablemente de otras disciplinas artísticas, más allá de la propia literatura, subraya de manera firme y clara en “Un cadáver exquisito” (Ediciones Erradícame, 2020) la imperiosa necesidad que experimenta un escritor por desprenderse de toda clase de prejuicios para construir un libro atractivo e inquietante.

Con un discurso sencillo y una prosa bien trabajada comparte su elevado grado cultural, desplegando una perspicacia sorprendente y una sensibilidad conmovedora. La ilustración del siglo XVI, que configura la portada, constituye un presagio del contenido. El autor divide la obra —asumiendo la función de un perito forense— en dos partes: Cuerpo, para analizar las marcas en las extremidades, y Vísceras, apuntando la manifestación de los órganos sensoriales de la contextura humana. El primer tajo con el escalpelo cuenta con la ayuda de uno de sus modelos inspiradores, el español Ramón Gómez de la Serna.

Lejos de seguir el clásico concepto patentado por los surrealistas, Barrera ofrece un interesante planteamiento: apelando a su mirada acuciosa y lectura crítica, a veces cínica de la realidad, resucita a un puñado de artistas e intelectuales cuyas historias privadas, por momentos oscuras, casi siempre peculiares, le permiten desarrollar un estudio espontáneo del pensamiento y comportamiento en seres que se distinguieron por su libertad de espíritu.

Los personajes elegidos no son héroes ni villanos, sólo almas de carne y hueso, que conocieron tanto el éxito cuanto el fracaso. Cada episodio es presentado con inteligencia, cerrados en varias ocasiones con frases demoledoras y contundentes. Las crónicas desentrañan detalles ignorados y revelan secretos de los protagonistas mientras que los relatos se caracterizan por su tono intimista, imprimiendo en sus líneas un sabor de drama individual, familiar y social.

Combinando sucesos curiosos junto a trances impactantes, dignos de ser rescatados como joyas olvidadas a fin de exhibirse en una vitrina, José Luis Barrera hace de las 204 páginas que componen el texto un bocado apetitoso de degustar.

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