EL HIPNÓTICO CINE DE KIM KI-DUK

Pedro A. Curto






Hay un cine minimalista, de pequeñas grandes historias, que sin necesidad de efectos especiales, de grandes presupuestos, consigue plasmar en la pantalla imágenes que nos deslumbran, nos atraen por alguna razón que no podemos explicar con claridad, simplemente es un arte que nos cautiva por su diferencia y singularidad. Ese es el caso del director surcoreano Kim Ki-Duk cuyo cine es hipnótico. Sus películas tienen una marca particular que es irrepetible, una construcción artesanal que va encajando las piezas a ritmo lento, hasta conseguir obras que miran de otra forma, como en una de sus películas, igual que si estuviesen detrás de ti.

Kim acaba de fallecer víctima del coronavirus, a unos días de cumplir los sesenta años.

La primera película que vi de él fue La isla, por pura casualidad, en un perdido canal televisivo y fue todo un hallazgo, aquel, para mí, desconocido director coreano. Un niño es educado por un monje budista en una isla flotante y nada ahorra en su aprendizaje, ni la crueldad y la dureza, un la letra con sangre entra en versión budista, ni una especial belleza que como el mismo director dijese, puede ser destructiva. La segunda, ya en una sala de cine en la que poder contemplar en toda su dimensión sus majestosas geografías pobladas de agua, fue Aliento. Exhalación-inhalación, vida y muerte, todo elemento posee en su interior lo contrario. Aquí está ese lumpen del que hablase Pasolini y que aparece cíclicamente en las películas del coreano. Escenas carcelarias y un humor negro y ácido basado en un absurdo poético: “Todos estamos en el corredor de la muerte, hasta que ya no podemos respirar.”

Belleza, violencia y aprendizaje, son algunas de las columnas temáticas que sostienen su obra, con abundancia de imágenes llenas de agua, filosofía budista y una atención al paso del tiempo como elemento tanto educador como destructor. Esa es una de las cuestiones que aborda en su película más famosa: Primavera, Verano, Otoño, Invierno…y Primavera. Galardonada en diversos festivales, favoreció una promoción que fuera de su país es difícil y cuyo reconocimiento internacional es debido a estos eventos. En esta cinta las estaciones se descomponen para dejar paso unas a otras y así repetirse, convirtiendo el paso del tiempo en algo circular, próximo al planteamiento del eterno retorno de Nietzsche.

Y si el cine de Kim Ki-duk es ante todo pictórico, que basa su narrativa en las imágenes, como una especie de Dreyer oriental y con una cierta dosis de perversión poética, Hierro 3 destaca en este sentido, pues su protagonista no dirá una sola palabra. Una historia de amor y maltrato que nace de un joven que ocupa casas en ausencia de sus habitantes, pero de una manera constructiva; arregla cosas y limpia, deslizándose sigilosamente, como un fantasma bueno. Así conoce a su amada y el conflicto; pura lírica visual. Podría titularse la historia del hombre sombra, la aspiración a la levedad en una escena: los dos amantes unidos encima de una bascula de baño que marca cero kilos.

Otra película que debió ganarse su reconocimiento en festivales: Espiga de oro en la Seminci de Valladolid y mejor película en el Festival de Venecia.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, se subtitula la película Samaritan Girl que gira en torno a la prostitución sagrada, de la diosa Vasumitra sobre la que juegan dos adolescentes. El valor de la amistad más allá de la muerte, el dolor, la culpa y la venganza, se reflejan en una cinta que va dejando interrogantes sin respuesta. Y otra vez la vida como aprendizaje cruel y solitario reflejado en la escena final: la protagonista es dejada por su padre al volante de un coche que no sabe conducir y avanza, al lado de un río, a trompicones, persiguiendo a su progenitor y encallando: sola al volante del río de la vida. También esta cinta tuvo su reconocimiento con el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín.

En Pietá es muy significativo este dialogo entre dos de sus protagonistas:

—¿Qué es el dinero?
—El dinero… Es el principio y el final de todas las cosas: Amor, honor, violencia, furia, odio, celos, venganza, muerte.
—¿Venganza?
—Sí… venganza.

Con más de una veintena de películas, buena parte de ellas no han llegado a España y menos aún a las salas de cine, sería de esperar que con su desaparición esto cambiase sobre un cine al que no debería pasarse de largo. Ante el ruido y la palabrería, la belleza del silencio, como el propio Kim Ki-Duk dijo a modo de legado: “Hoy en día hablamos demasiado. Se pronuncian demasiadas palabras, demasiadas promesas incumplidas que destruyen nuestra belleza interior. El silencio preserva esa belleza, la mantiene pura.”

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