Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El premio mayor”

Ítalo Costa Gómez






No tengo la más mínima idea de cómo le hace la Laura León para estar igualita desde hace sesenta años, pero me encanta. Me acuerdo que “El premio mayor” era algo así como el “Al fondo hay sitio” de mis abuelitos. Era un éxito televisivo y todos estaban prendidos de las maldades y pendejeretadas que le hacía el Huicho Dominguez desde que se sacó la lotería.

[Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la razón de lo mismo que juzgáis. Si con ansía sin igual solicitáis su desdén… ¿Por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?]

Recordé ese romance en la ficción por el tema del dinero. Déjenme contarles cómo así una amiga y yo salvamos la noche gracias a unas monedas inesperadas y a un poco de bailongo cuando más las necesitábamos.

Cuenta la historia que mi gran amiga de toda la vida Pitta me había dicho para ir al Casino a vivir la vida para que la vida no nos viva en lugar de quedarnos encerrados en su casa viendo Caso Cerrado. Nos pusimos nuestras mejores mudas, nos soltamos los pelos al viento y patitas pa qué te quiero.

Por esas cosas que tiene el destino (jajajaja) nos quedamos sin un peso en la primera hora. Nos habíamos sentado en una máquina de vaquitas. Te salían tres vaquitas y te regalaban veinte juegos gratis. Cuando eso sucedía la vaquita mugía.

[MUUUUUUUUUUUUUU MUUUUUUUUUUUUUUUUU MUUUUUUUUUUU]

¡Eso significaba mucho dinero! Saltábamos de emoción bien ingenuos y nos vacilábamos de lo lindo, pero lo que nos botaba al final ese bonus no sumaba ni diez soles. Sencillamente la máquina estaba vacía. Seguramente que minutos antes habían ido otros desesperaditos y les habían sacado toda la leche a las vacas malditas. No volvieron a mugir. Cero leche de vaquita feliz for you.

Nos miramos desesperanzados y pobres. Creíamos que había llegado el triste momento de volver a nuestros sacrosantos aposentos cuando de pronto el maestro de ceremonias del casino hace un anuncio:

– Amigos y amigas del Casino “Te Saco tu Plata – Las Vegas” los invitamos a inscribirse en nuestro concurso “Baila que te baila con la Cocotera”. La pareja ganadora se llevará un pote de 500 monedas. ¡Es su oportunidad de tentar a la suerte!

Me muero. Era matar dos pájaros de un solo tiro: Íbamos a poder seguir bailando y bebiendo hasta las seis de la mañana y también nos iban a pagar por hacerlo como a las cabareteras que en realidad llevábamos dentro. Nos inscribimos en una.

Como era un lugar de viejitos parranderos las parejas que competían con nosotros estaban medio cansaditas. Los años los habían castigado y nosotros éramos jóvenes, bellos y felices. Empezó el concurso con ventaja. Le hice una voltereta en plena salsa, ella metió la pierna en el tango, casi tenemos un hijo cuando pusieron reaguetón. UN LOCO.

[Baila que baila con la cocotera, mueve la cintura, mueve la cadera. Baila que baila con la cocotera. Pa arriba, pa abajo, de cualquier manera]

Poco a poco los ancianos se fueron retirando y al final quedamos solo nosotros. El John Travolta y la Olivia Newton-John se hubieran sentido humillados a nuestro lado. Las palmas del generoso público nos llenaron el ego (y los bolsillos) y ganamos el concurso.

– Gracias, de corazón. ¡Gracias por sus cariñosos aplausos! – Emocionados hablándoles a estos bohemios marchitos como si fueran el jurado de “Bailando por un sueño” y no como pobres almas en busca de un poco de diversión y dinero para el viagra.

Nos dieron nuestras monedas, las repartimos mitad y mitad. Fue una noche alucinante. Literalmente nos dio el amanecer dentro de ese antro de perdición. Igual nos fuimos sin un centavo, obvio. La cosa acá fue que el verdadero golpe de suerte se dio en que habíamos logrado quedarnos en el casino mientras nos sentimos un par de estrellas en el firmamento y lo habíamos hecho juntos. Era un exitoso trabajo en equipo. Se sintió espectacular.

Y así se cuenta la historia, pequeños ludópatas, de cuando me sentí el ser más pobre del planeta y también un exitosísimo bailarín de Broadway. Todo en una misma noche.

La suerte no está echada hasta que te juegas la última mano y yo tenía cuatro ases, honey.

Una respuesta a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El premio mayor”

  1. Te salió la vena ludópata, flaco. Menos mal que no ibas solo y tuvisteis suerte. Si no, ya te veo pagando con mayor tesoro la noche de farra. Al final la dicha fue buena, pe. Bien está lo que bien acaba. Noche redonda. Un hijo con el reagetton, jajajajaja…, buena esa… Abrazote.

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