Presentaciones varias

Juan Patricio Lombera






Para cuando se publique este artículo, ya habré realizado la presentación online de la antología “Las crónicas del coronavirus” con 6 autores. Cuando era más joven, tenía auténtico pavor a hablar en público. Tanto es así que, cuando sostenía con una mano las hojas de mi discurso, el temblor era evidente. De igual manera, respiraba aliviado cuando veía que la mesa, detrás de la cual me sentaría, estaba cubierta con un amplio mantel. Deseaba que así fuera para que no se notase el temblor de mis piernas.

Después de unas cuantas apariciones en público, he conseguido que mi temor disminuya y hoy incluso puedo darme el lujo de hablar sin tener nada escrito frente a mí. Sin embargo, los nervios de antaño fueron sustituidos por un nuevo temor; que nadie se presente al acto. Créanme es muy amargo estar en un amplio recinto para 50 personas y que sólo 4 sillas estén ocupadas. Sin embargo, lo que no mata fortalece y llega un momento en que tampoco le das mayor importancia al número de personas que componen la audiencia. Se dice que en una ocasión, Karajan se encontró con un auditorio casi vacío en uno de sus primeros conciertos en Estados Unidos. Aparentemente, la comunidad judía no había olvidado las simpatías del director austriaco con los nazis y habrían decidido comprar todos los billetes y no asistir en represalia. Los únicos espectadores habrían sido un par de periodistas y, ante tal falta de quórum, se habría barajado la posibilidad de cancelar el concierto. No obstante, el director se habría negado a ello en vista de que había un público esperándolo y habría dirigido aquella noche a la Filarmónica de Berlín. No sé si la anécdota es verdadera, pero desde luego creo que esa es la forma en que hay que arrostrar estas situaciones. Tanto respeto merece una audiencia de uno como una de cientos.

Nuevos tiempos, nuevos temores. En la actualidad, debido a esta plaga que ha asolado el planeta, no se pueden realizar presentaciones a la vieja usanza con público y un docto orador que destaque las virtudes del libro. Por ello hay que recurrir a la tecnología. Hacer una presentación online permite que amigos de México y Asia puedan verla. Cómo nunca he presentado una obra propia en mi país, existe un cierto interés entre mis amigos por verme. Más aún si tenemos en cuenta de que más de la mitad de los autores son mexicanos. Ahora bien, lo malo que tiene este sistema es la total dependencia de la tecnología. Como dice mi amigo José Amezcua, uno de los autores de la antología, cuando la tecnología funciona el mundo es muy pequeño, pero cuando falla el mundo se agranda. Pues bien, a falta de 24 horas para el acto, mi amiga Susana C. no ha podido conectarse y hacer pruebas de sonido porque se cayó el internet en su pueblo, ubicado en el oriente de México. Mañana no tendré nervios cuando hable ni tampoco estaré pendiente del público. De hecho ni siquiera sabré cuantas personas están siguiendo la emisión, pero desde luego tendré el corazón en un puño por la conexión. En fin, es lo que tienen los directos. Deséenme suerte

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