NUEVO BESTIARIO CHICANO: “Los asaltavallas”

Juan Patricio Lombera






Cuales morlacos poseídos por Belcebú, los asaltavallas irrumpen con fuerza destructora en su afán de entrar en España, principalmente en la ciudad autónoma de Ceuta. De hecho, se han convertido en un peligro para los agentes fronterizos españoles. Conocedores los asaltavallas de las costumbres ibéricas y de la reducción de personal fronterizo en verano, intentan en esas fechas su acometida. Recientemente una manada quiso embestir el paso divisorio, pero tanto las autoridades marroquíes como las españolas, consiguieron refrenar el empuje de estas bestias que, de lejos, semejan becerros. Sin embargo, y pese a la alerta permanente de los responsables divisorios de ambos países, no siempre se consigue abortar esos arranques de ira ciega. En 2013, 100 asaltavallas lograron entrar en Melilla tras escalar la tapia y provocar su derrumbamiento por sobrepeso. En efecto, otra de las cualidades de esta especie radica en su capacidad, pese a su complexión pesada y sus pezuñas en lugar de manos, para trepar alambradas. No obstante esa técnica conlleva numerosos peligros para el inmigrante, ya que algunos se rompen la pierna al caer e, incluso, ha habido otros que han sido aplastados por sus propios congéneres en la caída y muerto al instante. Sin embargo, el más famoso de estos ataques se produjo en Ceuta en 2017. Ahí, decidieron emplear una técnica más directa y eficaz; embistieron. Una vez que vencieron la puerta de entrada una primera manada penetró el suelo español cual si estuvieran corriendo en los sanfermines. Los pocos guardias que había en ese momento se dedicaron a verlos pasar desde el burladero. Pensaron que con esa primera oleada se acababa el problema. Sin embargo, a los pocos segundos surgió una nueva manada, mayor y más furiosa. Por suerte, para entonces ya habían vuelto dos guardias que se convirtieron en los héroes de la noche. La segunda manada no sólo buscaba entrar sino arrasar con todo lo que se les pusiese por delante. No se les podía detener, solo reconducirlos por zonas donde hiciesen menos daño. El primero de los policías, armado tan solo de una vara, se puso a la entrada del coso a repartir mandobles, a fin de que los mihura emprendiesen su internada por la senda izquierda. Su labor fue fundamental para evitar que decenas de ciudadanos fueran corneados aquella noche. No obstante, algunos de los asaltavallas no estaban dispuestos a dejarse intimidar por unos cuantos golpes y seguían por la senda peligrosa. Fue ahí donde surgió el segundo refuerzo que no dudó en enfrentarse a los animales con sus propios puños y pies. En su afán por detenerlos quiso hacer trastabillar a uno de los rezagados, pero éste que iba como alma en pena agachó la testa y empitonó al valiente agente. Por un momento se temió que la herida fuese en la femoral y que él se desangrara, pero afortunadamente no fue así.

Cada noche los agentes fronterizos temen por sus vidas y cada madrugada dan gracias por no haber presenciado una estampida del asaltavallas. Lo peor es que, amén de arriesgar sus vidas sufren la incomprensión de la sociedad y de los medios de comunicación. Por ejemplo, el asalto mencionado fue reproducido en todos los medios. Pues bien, no faltó el imbécil que quiso demandar a los policías por maltrato animal y, en el caso del herido, por haber intentado darle –según ellos- una patada en los huevos a la bestia. ¡Qué país!

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