Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “¡No me robes, pirañita!”

Ítalo Costa Gómez






A mí me encanta el look con capuchas, pero no todos podemos usarla de forma sentadora. Yo soy un muchacho bastante flaco y eso puede hacer que me encorve con facilidad. Tengo que revisar constantemente mi postura para no estar como el Sr. Burns de los Simpsons con todo y las manos adelante. Sí a ese cuerpo decadente le pones ropa oscura y capucha puedo parecer un raquetero cualquiera y no lo digo yo solamente. La semana pasada corroboré el hecho ante notario público.

Cuenta la historia que había decidido comprarme una chompita muy ligera para poder usar en las tardes. A pesar del calor siempre me parece que un sweater delgado es ideal para las tardes-noches. Estaba dando vueltas en el Jockey Plaza buscando cual comprar.

Había uno negrito con plomo súper delgado. Perfecto. La cosa es que tenía capucha. La labia de la vendedora de Falabella me terminó de condenar a comprar la prenda.

– Vienen muchas personas a probarse ropa pero miraaaa… la chompita está hecha para ti, está dibujada, te queda perfecta. ¡Estás lindooo!, ¿Nos tomamos un selfie? Te juro que no puedo con lo lindo que te quedaaaaaa.

No comprar la chompa ya me parecía hasta insultar a la pobre pero inteligente muchacha. Me la llevé.

Totalmente animado por esta jovencita me la puse en la misma puerta del centro comercial. Una gran amiga vive a cuatro cuadras y decidí caminar hasta allá para ver si estaba y visitarla un ratito.
Cuando empiezo a alejarme de las calles más transitadas en una misma cuadra quedamos una señora y yo. La dama estaba como a tres metros más adelante, pero como yo camino muy rápido (mis amigos no me dejarán mentir) la alcancé muy pronto.

Apenas la señora llegó a verme casi a su costado lanzó un grito que me dejó helado.

– ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaayyy!!! No me robes, por favor. Es lo único que tengooooooo… POR FAVOOOOR…

[I beg your fucking pardon!!?!?!?!?!?!?! No entendía nada… ¿La señora pensaba que yo la iba a asaltar? Ah no, esto es demasiado para mí. No sabe con quién está tratando. Tengo para pagarte hasta la risa, como dice Don Ramón… siempre y cuando tu risa no sobrepase los 20 soles, claro está]

– ¡Señora, tranquila! Por favor, no grite. Yo no pienso quitarle nada. Estoy caminando, nada más. Por favor, no se asuste.

La señora había abrazado su cartera de forma conmovedora e insultante al mismo tiempo.

– Ay, hijito… perdóname. La calle está tan insegura. No hay ni un solo serenazgo, es una barbaridad. Encima tú te acercaste tan rápido y con esa capucha que me dio mucho miedo. Qué vergüenza contigo. Te pido que me perdones.
– Yo la entiendo, no se preocupe seño. Es la primera vez que me han insultado tan bonito. Le prometo que no le voy a robar nada más que un poco de tiempo. – tratando de que se calmara.

Nos hemos reído juntos y hemos caminado hasta el final de la cuadra y antes de irme le di un medio abrazo.
Las calles en Lima cada día están más inseguras y comprendí perfectamente su paranoia y también entendí con claridad que las capuchas no son lo mío porque fácilmente me pueden confundir con el integrante de una banda de maleantes juveniles. Un Nole cualquiera.

La chompita (con la que me tomé esta foto aquel día) quedará en el cajón o la regalaré.
No le robé dinero a la seño, pero de que le robé un par de carcajadas no les quepa duda.

Y ustedes cuídense, pequeños caminantes, porque en una les robo el corazón.

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