CANIBALISMO RITUAL: “Los magos del tedio”

José Luis Barrera





El cansancio vital
Al contrario de lo que podría pensarse, el título de este texto no es peyorativo; se refiere, de hecho, a dos autores que llevaron el aburrimiento vital a nivel de arte.

José Donoso (Santiago de Chile, 1924) y Nathaniel Hawthorne (Salem, Massachusetts, 1804) están muy lejos temporal y espacialmente, sin embargo, sus preocupaciones los hermanan, como a menudo sucede en el mundo de la literatura y el arte en general. Ambos son cronistas del malestar social, prurito terrible que nos acongoja cada mañana y nos hace preguntarnos si la vida que vivimos es la que la que deseamos.

Los dos detectaron que el peor mal ya no son las guerras ni las enfermedades, sino el cansancio. Nos matamos porque ya estamos hartos los unos de los otros. Nuestros vecinos dejaron de ser compañeros de camino y se transformaron en enemigos acechando desde oficinas, metros y parques…

Parece un axioma malthusiano, sin embargo, la sobreabundancia de humanos, la necesidad de cumplir roles sociales, de ganarse la vida y ser «exitoso», producen un cóctel tremendo que si no lleva a la demencia, al menos sí al agotamiento.

Por eso no tiene nada de extraño que Bartleby «prefiera no hacerlo», Samsa se convierta en escarabajo o, en los casos que nos ocupan, Wakefield huya de su familia a una calle contigua y el civilizadísimo Roberto Ferrer deje naufragar su matrimonio por la desaparición de una pintura.


La calle de al lado
En Wakefield, Hawthorne se anticipa con más o menos un siglo a las preocupaciones existenciales de los años setenta, donde la gente, luego de las guerras mundiales, alcanzó una estabilidad económica que, lejos de satisfacerla, la desgastó.

La historia de Wakefield es revolucionaria desde su arranque, sobre todo para un autor tan clásico: tomando una supuesta noticia de la prensa, se deshace de la obligación de escribir inicio, nudo y final, resumiéndonos todo en el primer párrafo. El resto de páginas se convierte en una exposición golosa de las angustias que la decisión, aparentemente ilógica, le ocasiona a su creatura.

El señor Wakefield, que un día se levantó de su cama con el anhelo de abandonar el papel de protagonista de su vida para convertirse en espectador, es el arquetipo del humano contemporáneo, quien ya no soporta ni siquiera su propia seguridad. Y este escape no tiene nada que ver con hombres o mujeres: el cuento funcionaría perfectamente si hubiese sido la señora Wakefield la primera en desertar del matrimonio, pues la angustia no se relaciona con un sexo, sino que es común a toda la especie.


El átomo de la muerte
Roberto Ferrer de Átomo verde número cinco, cuento de José Donoso, es un odontólogo con su vida asegurada gracias a los ingresos que obtiene de «pavimentar la boca» de gente rica en Barcelona. Su mujer es buena y comprensiva, y lo apoya en la pintura ―pasatiempo que él quisiera convertir en oficio, pero sabe, aunque no quiera admitirlo, que no tiene el talento necesario.

La historia arranca con una discusión anodina por el lugar adecuado para colgar el cuadro de Roberto, Átomo verde número cinco, el mismo que su mujer le pidió como obsequio de aniversario. Cuando él finalmente encuentra el sitio, un tipo llama a la puerta ―parece tratarse del conserje o su hermano―, quien, luego de felicitar al dueño de casa por su excelente gusto, se lleva la pintura sin razón ni permiso.

Conmocionado, el autor es incapaz de defender su obra, y este evento termina por sacar a la superficie el fastidio que el matrimonio perfecto ha escondido por años.

Átomo verde número cinco no es lo único que desaparece, sin la intervención de porteros o cualquier otra criatura fantástica, todo, incluso el matrimonio, irá esfumándose paulatinamente.

Por el camino, las recriminaciones por la incapacidad de ella para tener hijos o la ridiculez y cobardía de él salpicarán el relato de una realidad aplastante: el cansancio. Bajo una cáscara de cuento fantástico, Donoso desnuda el tedio ―el suyo y el de todos.


El sino de la angustia
Quizá buceando en la vida de José Donoso podremos encontrar el origen de Roberto: su matrimonio estuvo lleno de frustraciones que nada logró aplacar. Él sabía muy bien lo que sentía Ferrer y seguramente habría huido como Wakefield, pero estaba atado por las convicciones de una clase alta chilena de los años cincuenta, incapaz de tolerar ―aun en el exilio― a un individuo que dejaba a su mujer, acaso por sentir atracción hacia otros hombres.

Las historias de Átomo verde número cinco y Wakefield son poderosas porque trascienden el tiempo y nos hablan de la angustia que es y ha sido el destino de los humanos.

La insatisfacción no es nueva: existe desde que nuestra especie inició su deambular por el mundo, pero los apuros de la subsistencia la disimularon.

Hoy, persiste la lucha por sobrevivir, mas los avances de la tecnología la facilitan, trocando la desesperación vital en un combate contra el paso del tiempo y la incapacidad de dejar una huella.

Wakefield y Ferrer son seres que sienten aversión hacia una vida sin sentido, donde trabajar, casarse y cumplir roles sociales se contrapone a la búsqueda de la felicidad, que quizá conlleva el riesgo del fracaso y la derrota, pero también la promesa de encontrar una razón para seguir viviendo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .