NUEVO BESTIARIO CHICANO: “La bestia del desierto”

Juan Patricio Lombera






Existe una lombriz en Mauritania que, al igual que La Bestia mexicana, transporta inmigrantes del interior del desierto al puerto de Nouadhibou. Ahí, los aspirantes a una mejor vida buscarán alguna embarcación o cayuco para proseguir su viaje hacia las islas Canarias o Cabo Verde. Al igual que ocurre con la bestia mexicana, su homóloga africana sufre los ataques de diversos depredadores. En este caso, hombres uniformados que se disputan una tierra de nadie por lo que aquellos que se trepen a lomos de este gusano saben que juegan una lotería con la muerte. Además, el hecho de viajar por el desierto conlleva un gran riesgo en caso de que este animal caiga muerto en mitad de la nada. Sin embargo, el viaje también conlleva una gran alegría; la posibilidad de ver la vía láctea en todo su esplendor. No hay ningún lugar en la tierra donde se pueda ver mejor las estrellas que el desierto del Sahara. Y si encima el viaje coincide con una luna llena como la que mostrara Bertolucci en “El cielo protector”, la felicidad no puede ser más completa. Hasta aquí las similitudes. La bestia del desierto no tiene parangón en cuanto a tamaño. Dispone de más de 200 compartimentos en los que guarda el mineral engullido en la ciudad de Zouérat. Una persona puede perder un buen cuarto de hora viendo el paso de este animal de principio a fin. Sin embargo, pese a su colosal tamaño, este animal no solo no es peligroso sino que generosamente permite que migrantes de todo tipo lo monten. De hecho su viaje al mar es una suerte de ritual. La bestia del desierto no consume los minerales que transporta, sino que los deposita en el puerto. Algunos zoólogos creen que se trata de una especie de tributo que portan a Nouadhibou en agradecimiento por el don de la vida. Sin embargo, otros expertos refutan tal teoría, pues rechazan la posibilidad de una dimensión espiritual en cualquier bestia, incluida la humana. O mejor dicho, especialmente en la humana. Sea como sea, una vez cumplida su hazaña, la lombriz da media vuelta para adentrarse nuevamente en el desierto, donde morirá al cabo de unos días. En total realiza un viaje de 1400 kilómetros. En cuanto a las especies migrantes, una vez superado el océano de arena, deberán enfrentarse al agua. Al igual que la especie norafricana de “las pateras” en el mediterráneo, el “cayuco mauritano” sucumbirá las más de las veces en su intento de alcanzar tierra y todo el viaje habrá sido un preparativo para reunirse con la muerte.

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