Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “¿Otra vez la chompita verde?”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 

 

No se me podría llamar un “adicto a los trapos” de manera justa. Hay un porcentaje de mi presupuesto destinado a la ropa, pero no es una prioridad que me quite el sueño, tengo otras más divertidas. Yo me quedo feliz con algo que me quede más o menos bien y solo estoy pendiente de no repetir demasiado las prendas en las fotos. Para de contar. Hasta ahí llega mi fijación. Soy como Juanes, me quedo con la camisa negra todo el santo día.

[Tengo la camisa negra porque negra tengo el alma. Yo por ti perdí la calma y casi pierdo hasta mi cama. Come come come on baby, te digo con disimulo, que tengo la camisa negra y debajo llevo al difunto… pa’ enterrártelo cuando quieras, mamita]

Le había agarrado mucho camote a una chompita verde de mangas largas. Era pegadita y el tono me gustaba. Me imaginaba que cuando pasaba pensaban que “así como estoy de verde cómo andaré de maduro” (Nicolás Maduro y la ctm, perdón. Fue inevitable). No me había dado cuenta del amor tan tremendo que le tenía hasta que mi familia – linda, re linda – me hizo sentir Anita, la Huerfanita.

Cuenta la historia que nos juntamos todos por primera vez en ese año. Fue cumpleaños de uno de mis sobrinos paternos más chiquitos. Nunca voy a las reuniones familiares en general porque me aburro y no tengo tema de conversación con ellos y estoy perpetuamente muerto de ganas de largarme de ahí corriendo. Esa vez asistí porque el bebito celebrado había estado muy enfermito y se había salvado. Quería homenajear al angelito. Me puse mi chompita verde.

Las semanas pasaron y llegó a visitarnos de improviso mi padrino Pacho y su esposa. Ambos habían estado en el santo de Miguelito. Cuando bajé a recibirlos tenía puesta la chompita verde. Era bonita la chompa, oshe. Me gustaba como me quedaba y era práctica. No me daba calor ni frío, el material era muy fino y pues nada… la tenía puesta.

Pasaron los meses y llegó mi cumpleaños. Como saben mis santos son patronales. Son siete días de celebración y en ninguno figura mi familia – salvo mi madre – porque no somos precisamente los Ingalls de lo unidos, u know? Los Addams estaban más conectados que nosotros, definitivamente. Sin embargo, tienen la capacidad de hacer la del Inspector Truquini y aparecerse. Ya había pasado mucho tiempo desde el primer evento del año en el que nos habíamos visto. Yo tenía un almuerzo informal pactado con una amiga y adivinen qué tenía puesto… Así es. La chompita verde.

Después de los abrazos y la tortita yo ya estaba parado, cartera en mano, listo para irme raudo y no verlos más, pero me entregaron dos regalos antes que me despidiera. Una chompita azul y una camisa roja muy bonita. Les agradecí con mucho cariño y una de mis tías – que ahora vive en Costa Rica – metió el veneno.

– Con amor, hijito. Para ver si dejas de ponerte esa chompa verde que no te quitas ni para bañarte.

Todos se mataron de risa, incluida mi mamá, y yo me sentí fatal. Ahí fue que empecé a atar cabos con respecto a la famosa chompa. Cada vez que me veían yo la tenía puesta. Eran coincidencias. No me la ponía a diario, y además ¿qué tenía de malo? Me quedaba bien y yo la amaba. Me fui con el ego herido a celebrar mi santo lejos de esas arpías.

Días después le envié a toda la family un correo electrónico en el que les agradecía por haberme ido a ver y por los detalles. Adjunté una foto luciendo mi chompita verde adrede. Para reafirmar mi lealtad y para que alucinen que agarré sus camisas y las usé de trapeador para ver si se les quitan las ganas de andarse metiendo con mi look, pequeños osados. Por supuesto que nadie respondió a mi cortesía. Que poco sentido del humor, digo yo.

Mi árbol genealógico, queridos irreverentes, haciéndose los Oscar de la Renta conmigo. CONMIGO. No seamos pendejos. Par favaaaaar. Ilusos. Bien que le dan gracias a Dios por esta cuarententa tan larga porque no tienen nada nuevo que usar. No los veo aaaaaaaños y mejor, mil mejor.

[La nieta, el tío y la abuela. El padre de alta cuna. La bella madre de una… familia muy normal. Si van a disfrutarla, no esperen una fiesta. Aquí les traigo esta… familia muy normal. Clap Clap]

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