Francisco José Segovia Ramos

El nacimiento de Minerva (Atenea) (1688)-René-Antoine Houasse
Hay días, como el de hoy, que me duele la cabeza terriblemente. Un dolor intenso, continuo, persistente. Afortunadamente nunca dura más de unas pocas horas pero no es este el caso: llevo así más tiempo del que debiera, y eso me preocupa.
Me tomo un elixir para calmar los dolores, aunque dudo que tenga algún efecto. Yo, tanto que me considero Dios, y soy incapaz de terminar con una simple migraña, si es que es eso, claro. Suspiro profundamente y pienso que será cuestión de tener paciencia y dejarlo correr: ya se pasará todo esto.
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El dolor aumenta de forma geométrica. Apenas puedo contener un grito y, entonces, mi cabeza se abre y de ella, como brotando de una crisálida, surge una criatura de belleza exquisita. Desnuda ante mí, me mira, rodeada todavía del halo divino que le ha inculcado mi mente, y sonríe.
Ya me encuentro bien, mejor que nunca. A esta criatura, nacida de este intenso dolor, la llamaré Atenea.
