La granja

Miguel Rubio Artiaga

An Indian Summer View of the Farm & Stock of James C. Cornell (1848)-Edward Hicks

 

 

La vaca no volvió a rebuznar
se lo había prohibido el pastor,
no estaba bien engañar
al perro que las guardaba.
Ya era tarde, el muy tonto,
por no ser menos se olvidó de ladrar
y solo de vez en cuando maullaba.
Al gato le dio por mugir
y cuando se daba de comer al caballo
los ladridos salían de las cuadras.
La oveja rugía al lobo
que se deshacía en balidos
mientras saltaba enloquecido
emulando una cabra.
Los gallos aullaban a la Luna,
las gallinas llamaban a los polluelos
con un perfecto croar de ranas.
Relinchos en la porqueriza,
gruñidos en las conejeras,
los jabalíes y los cerdos
solamente graznaban.
El camello se hizo anfibio
y bebía solo naranjada,
un chimpancé sacó un doctorado,
e hizo un trasplante de corazón
a un hipnotizado hipopótamo.
Les crecieron alas a los lagartos
y volvieron a ser dragones
que en vez de escupir fuego
te lanzaban besos con las manos.
Las serpientes tocaban la flauta,
el manatí los timbales,
los elefantes la trompeta
y los pulpos el arpa.
Al compás del ritmo
un sirulo enseñaba el culo
a una zorra coqueta
que le contestaba con el abanico
sin ningún disimulo.
Una galaxia de paz
un remanso de tolerancia.
Todo empezó a ir mal
cuando a los sirenos y sirenas
les empezaron a salir dos patas.

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