Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Miseria expuesta”

Ítalo Costa Gómez

 

 

No podría decir que soy desordenado ni un maniático del orden. Creo que ahí sí tengo equilibrio. Soy de esas personas que pueden llegar en la noche y dejar el bolso tirado en el suelo, la ropa en el baño… por una noche, más nada. A la mañana siguiente me muero muerto antes de irme a trabajar y dejar todo revuelto. Mi espacio brilla como lentejuela de bailarina antes de irme al laburo para que cuando regrese encuentre una casa de persona decente y no el de un ermitaño alcohólico.

[Siempre me he querido sentir parte buena de la sociedad aunque cada día me cueste más trabajo serlo y quererlo también.]

Dignidad ante todo. Orden y limpieza, como diría mi buen amigo “Perruñito” Bubick que es de las personas que están conversando contigo en su casa y está limpiando todo al mismo tiempo. Te cambia el posavasos, pasa el trapo bajo el plato de tu pretzel, te vacía el cenicero cuando no has acabado el pucho… mi chochera es un maniático adorable.

Sin embargo, hubo un día en el que quedé como un miserable vagabundo que vive feliz entre sus periódicos y sus latas vacías frente a la parte de más abolengo de mi tan poco fina familia. Los del billete. Los man men min.

[Fieeeeeeerros, catre, botellas o ropa usada que veeeeeeeeeeendan]

Cuenta la historia que pasaba por una desilusión amorosa más. Me había terminado de desencantar de un amor de cuento de hadas que decía que me amaba, pero como a un hijo. Luego terminábamos sumergidos en las aguas turbulentas de la pasión y al amanecer regresaba a mi estatus familiar. La cosa era retorcida por todas partes y me dejaba confundido al mango.

En esa misma época yo me estaba encargando de archivar notas de prensa para una figura reconocida de la tele. Todo estaba revuelto cuando yo llegué. Las notas estaban súper desordenadas porque eran muchísimas, de varios países y de diferentes años. Se podría decir que estaba empezando a formarme en ese trabajo. Debía separar las notas por años, luego ordenarlas de enero a diciembre y ponerlas por día. Escanearlas y archivarlas.

Un chambón. Alergias a mí. Mascarilla de turista japonés. Atchú.

Dos momentos clave en mi vida se sucedían. Abandonar a mi falso amorío y demostrar mi paciencia y pulcritud al momento de trabajar para poder escalar. Un buen día decido llevarme como cinco cajas inmensas llenas de recortes de periódico a mi casa para trabajar desde allá porque así podía avanzar mucho más rápido. Mi cuarto era una cosa de locos. Cajas en el piso por todos lados. Periódicos sobre la cama. Hojas bond regadas por todo el piso recortadas en distintos tamaños y yo deprimido en pijama archivando.

El cuadro era patético y temible. Un ropavejero fashion dedicado a la bebida. Una estrella del porno rosa venida a menos.

Estaba yo escuchando a Shakira en mi Mp3 mientras lloraba mis penas amorosas, estornudaba estruendosamente, tosía como tuberculoso por los ácaros de las cajas, manchado por todas partes por la tinta de los periódicos y tomando una chatita de ron sentado en el piso de mi cuarto cuando en eso abren la puerta.

[Me muero ahora sí. Los jinetes del Apocalipsis desatados. Las trompetas de Gabriel]

– Italitooooo, sunshine… Yujuuuuuu….

Mi tía Ana María recién llegada de unas vacaciones en México me traía una Virgencita de Guadalupe. Tras ella sus dos hijos mayores, Jaime y Luis Alonso con sus respectivas esposas. La puerta de mi cuarto estaba junta y yo no escuché nada previo porque estaba con los audífonos en la colocha cuyas caderas no mienten.

🎵Yaaaaaa, sé que no vendrás, todo lo que fue, el tiempo lo dejó atrás. Sé que no regresará lo que nos pasó… no repetirá jamás…. 🎵

Me vieron en ese estado y estoy seguro que pensaron en llamar al Centro Victoria y encerrarme como a los locos junto a los fumones incurables… no tanto con la esperanza de que me cure sino para dejar de hacerle roche a la family. Menos bulto, más claridad.

[La oveja negra. La cabra drogadicta. Dicen que soy un desastre total, que soy mala hierba, detrás de mí no dejé piedra sobre piedra]

Les expliqué velozmente por qué mi cuarto se veía como el de un reciclador y también por qué estaba con pinta de sucio gracias a los diarios mientras empujaba la chata del ron con el pie con la esperanza de que se cubriera con algún “Ojo” u “Onda” or something. Pusieron cara de comprensivos. De que la captaron en una pero yo sé que la duda quedó.

Antes de irse mi tía Ana María me lo confirmó:

– Nunca te olvides de que nos tienes a nosotros si necesitas ayuda, papito lindo.

Díganme ustedes, irreverentes: ¿Es mi destino jacarandoso o estamos todos locos?

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