Rígor Mortis

José Luis Barrera

Death and Fire (1940)-Paul Klee

 

Me puse el traje más elegante que encontré, evitando mirar esa lencería de encajes que parecía de otra escena o de otra película.

Más allá de lo que ustedes puedan pensar de mí, lo que me preocupa es soportar caras compungidas, lloros y misas de muerto. Por eso no dormí pensando que los sepultureros podían presentarse antes de la hora, pero no: llegaron a las ocho en punto.

Juntos, atravesamos la sala para salir por la puerta posterior de la casa, donde nos aguardaba el coche. Vi que mi mujer permanecía recostada sobre el sofá con la mirada perdida.

Quise besarla, pero el rígor mortis era un precipicio entre nosotros.

Fuera, luego de decirle “good morning” al chófer, me acomodé en el ataúd colocado en la parte trasera del coche. Lo último que vi antes de que lo cerraran fue a los sepultureros despidiéndome con un gesto alegre.

El motor se puso en marcha unos minutos después.

Este relato forma parte del libro “Cadáver exquisito”(en preparación)

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