Nueva Thule

Francisco José Segovia Ramos

 

 

El viaje al quinto planeta de la constelación 234-R fue un éxito. Tras el aterrizaje de nuestra nave sobre una de las llanuras del planeta, donde desembocaban innumerables cañadas, nos dirigimos hacia el poblado nativo más cercano, que era la capital de Nueva Thule. Nos recibió su líder: un hombre alto, robusto, de largos y rubios cabellos. Mientras hablábamos con él, y cerrábamos todos los detalles del acuerdo político-comercial, no dejaba de mirarnos con sus ojos zarcos y de rascarse la espesa barba, que le llegaba casi hasta el pecho. Temí por momentos que, en uno de esos ataques de ira que tan propios eran de esta gente primitiva, nos cortase la cabeza con su espada láser. No fue así, afortunadamente, y pudimos regresar a la nave con un acuerdo cerrado. Sabíamos que la firma con sangre de aquel mandamás era garantía para una paz duradera. Evitábamos así la piratería que habían sufrido las naves comerciales durante los últimos cien años, con la que no pudimos acabar, dado lo extensa de la galaxia y lo esquivo de los habitantes de Nueva Thule. Mientras ascendíamos hacia la cúpula celestial, contemplé el paisaje de abajo más detenidamente: hasta donde alcanzaba la  vista el terreno se abría en profundas y amplias grietas, que se extendían durante miles de kilómetros y se bifurcaban en centenares de ramales. En sus recodos, aprovechando pequeños claros ocultos a la vista y protegidas por las sombras de los inmensos acantilados, estaban ubicadas las pequeñas poblaciones cuyos puertos albergaban los modernos drakkars de esos colonos nórdicos procedentes del planeta Tierra y que, con el tiempo y la falta de comunicación con el exterior, habían retornado a sus orígenes vikingos. Claro que, en lugar de fiordos de agua fría y calas donde atracar sus barcos de madera, el paisaje lo componían grandes desfiladeros de piedra dura y concavidades en las que se refugiaban las astronaves piratas que, cuestión de tradición, llevaban dibujadas sobre sus costados enormes y amenazadoras figuras de dragones.

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