Miguel Rubio Artiaga

Venga la lluvia de martillos
vengan clavando clavos
cada uno un relámpago
alumbrando el granizo
que toca los tambores
que convocan a los rayos.
Venga la Tormenta Perfecta
con su viento enfurecido
y su empujón asesino
que hace que las veletas
arrancadas de sus pedestales
gira que gira girando
las adopte un torbellino.
Que vomiten los volcanes
por encima del aire
su ácida lava de furia fundida
y sus fumarolas encendidas
dibujen hacia el cielo
palomas con ramita de olivo
portadas en el pico
y en los ojos una sonrisa.
Venga el vendaval del desierto
con su nube desbocada
de arena enloquecida
devorando duna tras duna
como si fuera una cortina
hecha de granos de acero
dementes en su estampida.
Bailen de noche los muertos
el lóbrego Vals del Cementerio
donde el silencio reina
y solo se oye el roce de huesos
dando vueltas y vueltas
abrazados los esqueletos.
