Errores de continuidad

Marcelo Filzmoser

 

 

Juan entra al monoambiente que alquila desde hace un par de meses. Esquiva botellas vacías paradas junto a la puerta, cajas de pizza, servilletas de papel.

Con la excusa de consolarlo, algunos de los amigos que le quedan juegan cada fin de semana a que tienen veinte años. Por un rato fuman excitados dándole consejos, se emborrachan sin gracia, se ríen con tristeza. Otros pasan la madrugada de un jueves ahí, tomando vino y hablando de cosas que nunca más harán por haberse casado o por haber tenido hijos. Le aconsejan hacerlas a él mientras desfiguran el almanaque fantaseando que no hará falta levantarse en pocas horas para correr hasta un trabajo que jamás hubieran elegido y que les aterra perder. Juan los soporta. Se presta como actor de reparto que sabe que la sala está vacía.

La visita de ayer había sido una de las peores. Hacía mucho que no veía a Mauro, dos meses atrás ni siquiera se hablaban por Facebook y ahora reaparecía con el cariño afectado buscando darle ánimo.

Deja las llaves del auto y la billetera sobre la mesa donde se apilan volantes, platos sucios, dos vasos usados, el rollo de cocina casi por terminar, un mouse, el teclado, el monitor y el cenicero lleno. Se saca los zapatos y camina en medias hasta la puerta corrediza del balcón. Sube despacio la persiana de madera, tirando de una correa deshilachada que le hace pensar que en cualquier momento se corta. Cada vez que la sube piensa lo mismo. Abre la puerta para ventilar un poco el olor a humo concentrado, respira profundo el aire de las siete de la tarde de abril y prende un cigarrillo. La conversación del día anterior reaparece.

El más jodido, para mí, fue Rodrigo que subió la foto.

Pero si él no la conocía.

Mauro había hecho un gesto que no significaba nada pero que buscaba parecer de desconfianza. Juan lo había dado por válido porque quería que terminara su teoría y se fuera. Quería estar solo. Desde hacía unas tres semanas ese departamento era un quilombo. Los sábados se hacían fiestas que los demás llamaban memorables y que él prefería olvidar. Las aceptaba solamente para que subieran las fotos a sus muros. Gastaba más de la mitad del sueldo en bebidas, marihuana y putas que sus amigos disfrutaban, mientras él intentaba retratar gente semi desnuda enfiestada en los cuatro rincones del lugar. Cuando se iban casi siempre lloraba. Sentado solo, en piso del baño, después de haber vomitado todo lo que podía.

Recién al otro día sentía algo de alivio. Arruinado por la resaca, que después de los cuarenta le parecía un gigante que tomaba anabólicos y lo tenía a él entre ceja y ceja, buscaba las publicaciones, los tweets y los comentarios en los distintos muros. Con su ex compartían aún muchos contactos.

Igual no lo digo por ella. Digo que hay que ser mal tipo para subir una foto de un cumpleaños en un boliche, donde al fondo se ve a una mina dejándose meter mano.

¡Pero si te digo que no la conoce! Él subió la foto para cagarse de risa. Yo también lo hubiera hecho. Además la cara de Maxi en esa foto era imperdible. Los ojos como chino con fiebre, todo transpirado y el pelo a la miseria, justo él que siempre se anda cuidando de cómo sale y de qué publican.

Está bien. Pero la podría haber borroneado. Si la cosa era reírse de Maxi, no hacía falta el resto.

Juan quería darle la razón. Decirle que sí, claro, cómo no se había dado cuenta, el culpable de que Daniela lo engañara desde hacía meses con cuanto tipo se le cruzaba era Rodrigo. También le hubiese gustado no decir nada más.

Vos no entendés. A Rodrigo lo conocí por Maxi y lo habré visto tres o cuatro veces. Ni siquiera estoy seguro de que Daniela estuviera conmigo alguna de esas veces. Además, ella ni siquiera tenía puestos los anteojos en esa foto de mierda. Ni yo sabía que usaba lentes de contacto.

Se le ocurrió la posibilidad de echarlo de su casa.

Eso es verdad…

Dijo Mauro inseguro. Quizás en ese momento también pensó en callarse, pero siguió.

A no ser que Daniela tuviera otro Facebook, con otro usuario digo, y que Rodrigo la conociera de ahí…

Juan lo miró un segundo como se mira a un loco o a un pelotudo.

Mejor no me escuches. Sigo igual o peor que cuando éramos pibes. Hace años que voy al psicólogo pero cada tanto vuelvo a caer. Empiezo con una cosa de nada y me voy enroscando. Con esto soy capaz de pensar que en realidad Rodrigo estaba saliendo con Daniela desde hacía tiempo, me imagino todo, hasta que se enamoró de ella y cuando vio lo que apareció al fondo de la foto no se pudo controlar y la compartió para vengarse. ¿Qué se yo? Estoy re loco. Capaz que con los años uno se va jodiendo cada vez más de la cabeza y no hay analista que lo salve.

Juan apaga el cigarrillo en el cenicero, lo aplasta como si todavía estuviera Mauro ahí. Agarra una bolsa de papas fritas y sale al balcón a tomar aire. Cuando la boca se le pone pastosa entra y se sirve un vaso con jugo de manzana helado. Mira la computadora. Debería dejar las cosas como están y empezar de nuevo. Construir otra vida que le duela menos. Alejarse de todos, de todo. Piensa en la vez que fueron con Daniela a la costa. La tarde que bajaron con el auto a la playa para ver el atardecer. Tuvieron sexo con amor, fumaron marihuana y se rieron de cómo la mayoría de sus amigos se estaban cagando la vida.

Agarra el cenicero, lo lleva hasta el tacho. Para vaciarlo tiene que empujar hacia abajo en una bolsa en la que no entra nada más. Debería también ahorrar algo de plata y hacer un viaje. Alejarse facilita el hecho de ser otro. Le parece que mucha gente, cuando está de viaje, se acerca más a la idea que tiene de sí misma o a como le hubiese gustado ser.

El monoambiente es chico, unos treinta metros cuadrados que recorre con la mirada. Una mesa contra la pared, una silla, un colchón tirado en el suelo. Vuelve al balcón, mira la noche, prende otro cigarrillo, uno más, no le preocupa saber cuántos van. Es martes. Ningún amigo tiene fuerzas a esa altura de la semana para fingir una vida mejor de la que tiene. Quizás en internet encuentre algo. Los pasajes y el alojamiento podría pagarlos en cuotas.

 

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