SEA USTED EL ASESINO

Kabalcanty

 

Todavía resonaba el disparo en sus oídos; un estruendo que le dejó sordo poco más de un minuto y que insistía en recorrer los canales de sus oídos machaconamente. Por lo demás, no experimentaba la agitación que creyó propia de esos momentos. Caminaba firme, seguro del lugar adónde se dirigía, manteniendo el haz de luz de la linterna por entre aquel intríngulis umbrío que le llevaría al exterior, al anonimato y a la rutina. A pesar de ser una fría tarde de invierno le sudaban las sienes, bañándole las patillas y goteando por su mentón partido. Todo había pasado raudo, más aún de lo que previó, como la cola de una pesadilla que está a punto de despertarnos pero que nos sujeta, aguardado pacientemente el desenlace, hasta que tomamos consciencia de que tenemos los ojos muy abiertos y que simplemente creímos estar soñando. Algo así.

Nunca manejó la posibilidad de reventarle la cabeza, nunca hasta hacia unos minutos. Asesinarle sí, desde luego, matarle porque en eso consistía el juego, pero tal vez de una forma menos demoledora, menos llamativa, quizá, un disparo a la altura del corazón, en la nuca, suponía sin saber a ciencia cierta. Sin embargo, esa frialdad que le invadió cuando le tuvo de frente, cuando le exigió que abriera la boca para encañonarle, asistiendo impertérrito a su metalizada súplica, esa frialdad convicta y resolutiva, novedosa y osada, le pudo más que cualquier previsión. En ese par de minutos no se reconoció. Pero no era arrepentimiento lo que ahora rondaba su pensamiento, desde luego que no (el ticket valía cincuenta euros para comprar ese molesto sentimiento), era una especie de orgullo por haber terminado con éxito una tarea difícil que jamás acometió y que probablemente jamás volvería a hacer porque no era el dinero lo que precisamente le sobraba.

Se medio sonrió al trasluz fantasmal que procuraba la linterna imaginándose al cirujano con un extirpado tumor cancerígeno en su mano; resolutivo, escudriñando los destellos del bisturí y sintiendo la admiración a su alrededor. En cierta manera, allí solo, sabiendo que aquel pasillo oscuro le devolvería a su vida anodina pero segura, se sentía poderoso, atrevido, sin duda elegido.

Fue viendo el resplandor de la salida, poco a poco, justo en la última revuelta del túnel laberíntico. Apagó la linterna y fue caminando más despacio. Se giró para mirar hacia atrás y sintió deseos de volver, de comenzar de nuevo, mientras el murmullo del exterior le iba mitigando la excitación al tiempo que sentía como si su cuerpo se plegase sobre una osamenta que ahora casi le repugnaba. No deploraba haber entrado allí, haber matado voluptuosamente, haber disfrutado hasta desconocerse, lamentaba no tener más dinero y poder invertirlo allí. Como se sabe, cualquier felicidad es breve, tan corta como la frustración duradera que produce su siempre imprevisto final.

– Por aquí, caballero, tenga la bondad, por favor.

En la boca de salida un hombre sonriente, vestido desmañadamente de gánster, movía su mano indicándole el camino.

– ¿Todo bien, señor?

Le preguntó con afabilidad empalagosa.

Tuvo que entregar la pistola, los guantes y la linterna para después recoger su viejo abrigo de paño en el pequeño ropero.

– Cuando guste, le esperamos de nuevo, señor.

Añadió el falso gánster, haciendo una ligera reverencia.

Él salió al exterior sin responder.

Se subió las solapas del abrigo ante el viento gélido de la tarde que no impedía que la fila de espera para la atracción fuera interminable. Cientos de personas esperaban ansiosas su turno, posiblemente los últimos hasta bien entrada la madrugada. Gastaban bromas y tomaban latas de refrescos o humeantes cafés en vasos de plástico a las puertas de la reciente y exitosa atracción del Parque Temático. La atracción, importada de Estados Unidos, había cosechado tal notoriedad que era preciso solicitar cita previa para conseguir un pase y aún esperar horas en la cola para acceder finalmente a la atracción.

SEA USTED EL ASESINO

Sienta el vértigo de matar y no se arrepentirá en la vida. Con la última tecnología para que usted se sienta brutal, salvaje, implacable……… ¡auténtico!. ¿Se atreve?

Rezaba sobre la monumental portada de la atracción. Las frases subían y bajaban, rutilantes, perdiéndose y recuperándose por encima de las cabezas de las personas que formaban la fila. Todo un espectáculo multicolor.

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