Los minutos lúcidos

Miguel Rodríguez

 

Nosotros somos los otros. No es decisión propia, el nombre nos lo pusieron ellos, que para nosotros también fueron ajenos durante un tiempo. De todos los que vivimos aquí, nosotros somos los raros, los locos, los monstruos, los otros. Pero no pasa nada, nos parece bien, hemos aceptado serlo, porque ellos nos parecen demasiado frágiles como para ser algo distinto, otra cosa, ellos necesitan saber cosas cuyo conocimiento requiere un acceso ilógico e irracional que les aterra. Ellos son meticulosos, felices, tienen vidas lineales y ordenadas de las que nos hablan y a las que nos inducen. Nuestro fracaso en llevar tales vidas les avergüenza, y nos apartan. Es importante saber dónde esconde uno a sus monstruos. Tan sólo cuando se hacen muy mayores, poco antes del final, la arquitectura de su mente comienza a ceder y ellos a rescatar recuerdos de lo que alguna vez fueron. A veces se dan cuenta con horror de que en algún momento de la niñez fueron distintos, que incluso coincidimos en alguna encrucijada de la vida, que algo en ellos sigue siendo salvaje, animal, recuerdan esto otro que fueron y que nunca murió. Recuerdan que fueron otros, es decir, que fueron nosotros. Y durante unos instantes casi lúcidos, tienen paz. En esos momentos delicados, todos somos otros.

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