Mi luna

Miguel Rubio Artiaga

 

 

Si mi Luna hablara
haría llorar a la lluvia.
Tanta tristeza
le he contado en versos
que su palidez
parece cubierta de escarcha
cráter por cráter
piedra por piedra.
Mi Luna es la más blanca
la que tiene más pena,
se maquilla con polvo de harina
para disimular las lágrimas.
¡Ay, si mi Luna hablara!
Me ha visto roto de amores
con pisadas pesadas
tan lleno de dolor
por los adentros
que las aceras
se hacían las ciegas
por no mirarme a la cara.
Mi Luna seguía mis huellas
siempre esperando amiga
serena y paciente,
viéndome cometer errores
atusándose los cuernos,
dibujando una sonrisa
escondida detrás del cielo
y saliendo de repente
para tocarme la espalda
como una adolescente.
¡Tú la llevas, decía mi Luna!
Entonces mi penar
oscuro y doliente
se diluía en su alegría
natural y perenne.
Hay noches que abarca
el Firmamento entero
como un plato gigante
hecho de porcelana.
Una de de esas noches
especialmente triste,
para animarme
me dijo, como a un amante
al oído su nombre.
mi Luna, se llama Selene.

 

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