Cumbres borrascosas

Miguel Ángel Silva

 

 

 

Este año se conmemora el Bicentenario del nacimiento de Emily Brönté (1818 – 1848), que tuvo que publicar su única novela —Cumbres Borrascosas— con seudónimo ya que vivió en plena época victoriana, una sociedad cerrada y machista que veía con malos ojos a las mujeres escritoras. Emily escribió un solo libro en su vida, pero eso, lejos de parecer una creación ínfima, le permitió acceder al podio de los grandes clásicos universales. Algo que muy pocos escritores logran, aún con una producción kilométrica.

Aprovechando este aniversario, nos centraremos en la que se considera la mejor adaptación de Cumbres Borrascosas —hubo aproximaciones con mayor o menor eficacia de Luis Buñuel, de Robert Fuest, de Peter Kosminsky, entre otros— llevada a la pantalla: la de William Wyler en 1939.

William Wyler, nacido en el antiguo Imperio Alemán —hoy, Francia— fue el primer director de cine en obtener la mayor cantidad de premios Oscar por una película (once) y lo logró con Ben-Hur, hazaña recién igualada treinta y siete años después por Titanic de James Cameron y El Señor de los Anillos: el retorno del Rey de Peter Jackson. Su impresionante trayectoria contabiliza quince Nominaciones para el Premio al Mejor Director por la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood y lo ganó en tres oportunidades, con La señora Miniver (1943), Los mejores años de nuestra vida (1947) y Ben Hur (1960). Minimizado en su momento por la influyente revista especializada Cahiers du Cinema, que prefería a directores de la talla de Howard Hawks, John Ford o el mismo Orson Welles, fue revalorizado al comprobarse que su cine, más allá de ser preciosista y estéticamente bello, poseía lo que André Bazin —un crítico que trabajaba dentro de la misma revista que lo minimizaba— llamó cine-escritura, es decir, una rigurosa puesta en escena con movimientos actorales parecidos a los del mundo teatral que hacían que su obra adquiriera un “estado estético de la materia”. Es más, el propio Bazin redobló la apuesta al sentenciar que “nadie ha sabido contar mejor una historia en cine que Wyler”.

Lo cierto es que la obra de Emily Brönté le vino como anillo al dedo para comprobar hasta dónde era posible llegar con su cine-escritura. Y nada mejor que adentrase en el mundo de una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. Para ello, se rodeó de los mejores actores y actrices del momento.

Laurence Oliver, David Niven, Merle Oberon y Flora Robson, fueron los protagonistas elegidos para una de las películas más copiadas en cuanto a estilo, trama y dirección.

Laurence Oliver venía de trabajar en trece films y de realizar famosas temporadas de teatro. Es a partir de la película de Wyler que su fama pega un salto mayúsculo para dar vida a personajes emblemáticos del universo shakesperiano como Enrique V, Hamlet, Ricardo III y Otelo.

David Niven, cuya fama en el mundo del cine estaba más consolidada que la de Oliver, venía de trabajar en películas emblemáticas como Motín a bordo, Splendor, La carga de la brigada ligera y El prisionero de Zenda. Por su parte Merle Oberon, una actriz muy codiciada por su belleza y niveles de actuación, contaba en su haber con veintiséis películas entre las que se contaba La pimpinela escarlata, Infamia, Yo, Claudio y El vaquero y la dama. Por su parte, Flora Robson había hecho el papel de la Reina Elizabeth I de Inglaterra en Fuego sobre Inglaterra y a Livia en Yo, Claudio.

La historia comienza —como en el libro— mediante el recurso de un gran relato enmarcado, es decir, todas las peripecias de los personajes son contadas por un tercero —la película es un enorme flashback—, aunque en este caso, Ellen Dean (una increíble actuación de Flora Robson), lo hace desde una posición sumamente importante para la trama ya que ella participó activamente en las vicisitudes de los protagonistas, es decir, que ella se cuenta a sí misma dentro de la historia narrada.

En medio de una tormenta de nieve, un viajero llamado Lookwood (Miles Mander) decide buscar refugio en un caserón algo lúgubre y descuidado que encuentra en el camino. Allí es recibido por una serie de personas totalmente apáticas y hurañas: el dueño de la finca, Heathcliff (Laurence Olivier), Ellen Dean (Flora Robson), Isabella (Geraldine Fitzgerald), Hindley (Hugh Williams) y los sirvientes. A pesar de la visita inoportuna, Heathcliff le brinda una habitación para pasar la noche, pero un suceso misterioso ocurre cuando, ya en su habitación, el viajante oye una voz que parece provenir desde los páramos desiertos que rodean la mansión. Al comentar esto Heathcliff sale desesperado en medio de la tormenta a buscar a esa persona que parece llamarlo. Es a partir de aquí que la historia empieza a ser desentrañada. Lookwood, desorientado, le pide a Ellen que le aclare qué es lo que acaba de ocurrir y, como en la mejor tradición del cuento oral, le narra la vida de la familia original, la que había sido dueña de Cumbres Borrascosas, la misma que cayó en desgracia luego de la muerte de su dueño, de la adicción al alcohol de Hindley y la tormentosa relación entre quien era entonces el mozo de cuadra (Heathcliff) y Cathy, la hija del dueño.

William Wyler tomó de la novela de Brönté su parte más romántica y, si bien es cierto que produjo uno de los dramas sentimentales más mencionados en la historia del cine de oro de Hollywood —es muy probable que Lo que el viento se llevó fuese el otro—, también es cierto que indirectamente dio vía libre a las burdas imitaciones que se hicieron en obras posteriores, en donde las damas en cuestión sufren de esa ciclotimia en que aman y odian constantemente. En la película de Wyler esto funciona de manera perfecta, ya que lo que se trata de transmitir es ese sentimiento forjado en la infancia de los protagonistas y que no puede ser roto a pesar de los años transcurridos. Heathcliff ama profundamente a Cathy, y ella también. Lo que sucede es que Heatcliff se conforma con un amor de sumisión y entrega total y Cathy desea algo más para su vida. Como sucedía con Emma Bovary —otra heroína caída en desgracia—  que soñaba con un mundo de fantasía, de bailes, recepciones y lujos que su marido no podía otorgarle, Cathy también desea vestidos lujosos, salones dorados y una vida honorable al lado de un marido distinguido. Y así como el esposo de Emma Bovary (un humilde médico rural) no podía brindarle esos placeres, Heatcliff (un mozo de cuadra, adoptado por el padre de Cathy) tampoco podía hacerlo. Es el caso de amores desencontrados pero que mantienen en su interior una dependencia hacia el otro casi enfermiza. A pesar de alejarse a países lejanos como en el caso de Heathcliff o de tomar la decisión de casarse con el adinerado Edgard Linton (David Niven) en el caso de Cathy, siempre vuelven a encontrarse para seguir alimentando ese fuego que los quema y los daña, para saber que cada uno por su lado sigue pendiente del otro y comprobar, cada vez que eso sucede, que no pueden permanecer mucho tiempo juntos —a excepción de su lejana infancia— sin hacerse daño.

Filmada en un exquisito blanco y negro —a pesar de que ya existía el color—, la fotografía de Gregg Toland es maravillosa. No olvidemos que después de este soberbio trabajo de claros oscuros y deslumbrantes salones de baile fue director de fotografía de otros dos grandes clásicos: Viñas de Ira de John Ford y El Ciudadano de Orson Welles.

Es cierto que la película de Wyler fue, de alguna manera, eclipsada por el vendaval de críticas favorables y premios al por mayor que obtuvo Lo que el viento se llevó de Víctor Fleming que, con diferencia de meses, se estrenó ese mismo año. Si bien no la perjudicó en cuanto a premios otorgados —la película de Fleming fue multipremiada con los Oscar de 1940—, es cierto que quedó algo relegada en el inconsciente colectivo quizás por su trama oscura y siniestra. Lo que el viento se llevó, también una historia de amores secretos y turbulentos, tenía un despliegue innumerable de actores y escenarios grandilocuentes, además de estar filmada en un impactante Technicolor, lo que le sumó puntos en las preferencias del público. La película de Wyler era de por sí claustrofóbica, lúgubre y no hubiese resultado tener esa belleza gótica y deprimente si hubiese sido filmada en color.

Algo que muchos señalan es que la película —como el libro— no brinda ningún acto de redención, a excepción, claro está, de que el amor trasciende a la mismísima muerte. Y, a pesar de ser este uno de sus más grandes aciertos, tanto al productor como al director, la adaptación aportada por el guionista Charles McArthur, les parecía muy desesperanzadora y pesimista. Por ello contrataron a John Huston —además de director era un excelente guionista que hizo adaptaciones de Dashiel Hammet para El Halcón Maltés, Herman Melville para Moby Dick y de Tenesse Williams para La noche de la iguana, entre otros— para que le hiciera algunos cambios.

Se ha analizado la película (y el libro) de todas las maneras posibles, desde el punto de vista psicológico, hasta del social y, por que no, del religioso. Esto es tan así, que una de las interpretaciones que se hace de los ambientes en donde se mueven los personajes sería, según la simbología cristiana, el Cielo, el Infierno y el Purgatorio, en donde la luminosa Granja de los Tordos (de donde proviene Edgar Linton y su familia) sería el Cielo, la desangelada finca Cumbres Borrascosas (en donde ocurren todas las tragedias), el Infierno y los páramos de Yorkshire que los rodean, el Purgatorio. De hecho, al final de la película, ambos, Heatcliff y Cathy eternizan su amor fantasmal en esos territorios borrascosos que vendría a ser una zona de expiación.

Cumbres Borrascosas es un clásico de la literatura universal y la película de Wyler un clásico del cine de todos los tiempos. Ambos, Emily Bronté y William Wyler unieron sus talentos para obsequiarnos una obra cumbre, por cierto no borrascosa, sino excepcionalmente diáfana e imperecedera.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.