La una, el otro y eso

María Staudenmann

 

 

 

Ella

Quiero volver a verlo por Dios necesito volver a verlo. Enamorarse así, en este presente, en estas circunstancias. ¡En estas circunstancias! Es imposible, sí, sí, imposible del todo y para siempre. Pero es mejor. Mejor que si no fuese imposible. Porque así nunca vamos a tener que recorrer el camino del conocimiento mutuo, febril primero, calmo después, penoso más tarde y a lo último… quién sabe. Es mejor así: nunca vamos a tener que cansarnos del otro, ni dormir espalda con espalda peleando entre sueños por la frazada, ni saludarnos con besos insípidos, ni tomar mate en silencio con la vida en otro lado. Así de imposible como sos, siempre vas a ser el hombre con quien quiero tener sexo como fugitivos, decir cosas guarras al oído o a los gritos, mirar y mirar sin desviar jamás la mirada, sin que nada más importe, mientras alrededor todo pierde masa y se desintegra en el vacío. Hoy tengo ganas de tocarme pensando en vos. Sí, cuando llegue a casa como algo, me acuesto un ratito y me hacés el amor adentro de mi cabeza. Eso es lo que necesito. Ah… cómo quiero volver a verte corazón cómo quiero volver a verte. Si supieras lo que te haría… tres minutos a solas con vos es todo lo que pido. Tres minutos, tres segundos…

 

Él

Si supieras lo que te haría hermosa si supieras. Pero no se puede, la puta madre. ¿Por qué no te conocí antes? ¡Ja! Porque no te dejaría en paz ni tres segundos. Y porque primero nos mataríamos en la cama, después en la cena, más tarde en la calle y por último en la audiencia de conciliación. Aunque pudiéramos estar juntos –cosa que no se puede, metételo bien en la cabeza–, no duraríamos ni tres minutos. Pero… ah… jugar a esto que estamos jugando, eso está bueno. Todo queda en la fantasía de lo que nunca será, incorruptible, inalterable, deseo en estado puro, más real que esa realidad donde todo se iría a la mierda sin que pudiéramos evitarlo. Pero la puta madre cómo te deseo… cómo te deseo la puta que lo parió. Si tan sólo pudiésemos tener tres minutos los dos… Me muero por verte otra vez. Qué no daría por verte otra vez.

 

Ella

No. No puede ser. ¿Es él? Es él. ¡Es él! ¡Es él!

 

Él

Es ella. Sí, es ella. Ahí viene. Ahí viene. Calmate.

 

La cámara de seguridad de la esquina

13:08 horas. Imagen en picado. Intersección de avenidas céntricas. Un semáforo, un poste de luz y un cesto de residuos. Automóviles, motocicletas, transeúntes, un colectivo, un carro tirado por un caballo. Ruido blanco. Un hombre desde el ángulo derecho inferior de la imagen. Una mujer desde el margen izquierdo. Se saludan con un beso en la mejilla y un abrazo breve. El saludo entero dura un segundo y medio. La mujer retrocede tres pasos. El hombre mantiene la posición y la postura erguida. La mujer habla, se balancea de un pie al otro, entrelaza y desenlaza los dedos, mueve los brazos. El hombre no se mueve. No mueve las piernas ni los brazos ni las manos ni la cabeza. La mujer calla y gira la cabeza hacia el cesto de residuos sin dejar de moverse. El hombre se acerca a ella. Se dan otro beso en la mejilla y otro abrazo breve. El hombre prolonga el abrazo milésimas de segundo. La mujer vuelve a alejarse del hombre. Permanecen frente a frente por espacio de tres segundos, a medio metro de distancia. El hombre no se mueve. La mujer se lleva un dedo a la boca y muerde. Se dan la espalda al unísono y caminan en direcciones contrarias hasta desaparecer de la imagen.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.