TOMA DE TIERRA: La aventura de publicar (V)

Por Lucas Berruezo

 

Decidí ser escritor a los 17 años (ahora tengo 35). En mi caso, fue una especie de revelación. Siempre fui un ávido lector, incluso en esa etapa de la vida en que la lectura no figura, prácticamente para nadie, como una prioridad. A los 15 años, para dar un ejemplo, era el único socio de la Biblioteca de todo mi curso, y sacaba un libro por semana. Pero en lo que se refiere a escribir, nunca se me había cruzado por la cabeza.

Recuerdo el día de la revelación. Estaba en la casa de un amigo que, a diferencia de mí, escribía mucho y no leía nada. Me dijo que estaba haciendo una novela de ciencia ficción y me pidió que la leyera y le dijera mi opinión. Acepté. Lamentablemente, el argumento me parecía bueno, pero el resto no, la novela abundaba en errores formales y la narración fallaba por todas partes. Entonces empecé a corregirla y a anotar recomendaciones en los márgenes. Cuando le hice la devolución, mi amigo me miró con una sonrisa y me dijo: “se nota que la tenés bastante clara, ¿por qué no escribís algo vos?”

La revelación.

Lo primero que hice fue preguntarme cómo no se me había ocurrido antes. Lo segundo, sentarme a escribir. Primero a mano en un cuaderno y después pasándolo todo en la vieja máquina de escribir de mi abuelo. Fue mágico. La novela, llamada Transmutación, que todavía conservo en una caja, salió de un tirón. A partir de ese momento supe que había nacido para escribir.

No obstante, las preguntas no tardaron en llegar. Después de Transmutación siguieron otros intentos de novelas y los primeros cuentos. Y después, la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Nunca cambié de objetivo y nunca dejé de escribir, pero la pregunta de si era o no escritor se presentaba siempre, irremediablemente. ¿Podía decir que era escritor si no tenía nada publicado, si no ganaba plata con lo que escribía? “¿Qué sos?”, me preguntaba la gente. “Estudiante de Letras”, decía en un comienzo; “vendedor”, agregaba cuando ya trabajaba en lo que fue mi primer empleo; “docente”, dije mucho después, cuando la necesidad de alimentar a mi familia y pagar los impuestos me llevó a las aulas. ¿Pero escritor?

“Voy a sentirme escritor cuando me publiquen el primer cuento”, me decía. Cuando la publicación del primer cuento llegó, no me sentí con el derecho a llamarme así. “No, lo que pasa es que me lo publicaron en Internet”, argumentaba, “cuando me publiquen un cuento en papel, entonces sí podré decir que soy escritor”. Y esa publicación también llegó, como llega casi todo cuando uno no abandona y sigue buscando. Pero, aun con el libro en mis manos, no me sentía distinto. “Ya entiendo”, insistía, “es un libro de muchos autores. Cuando tenga mi propio libro…”. Y así seguía. De más está decir que en el 2015, año en que la editorial Muerde Muertos publicó mi primera novela, Los hombres malos usan sombrero, las definiciones personales seguían siendo las mismas.

Nada de lo que iba logrando hacía que me sintiera “más escritor” que antes. Entonces me di cuenta. No me sentía distinto porque en esencia no lo era. Las publicaciones no me definían, lo que lo hacía (si es que se puede definir a una persona) era el acto de sentarme a escribir cada vez que podía. No hay que tener una prueba material para decir que somos escritores. Escritor es aquél que escribe, haya publicado o no, viva de eso o no, lo haga bien o no. ¿Querés ser escritor? Escribí y no sólo lo serás, sino que ya lo estás siendo. No hay más realidad que lo que hacemos todos los días.

Ahora está por salir mi primer libro de cuentos, Frente al abismo, de la mano de Ediciones Erradícame. ¿Qué cómo me siento? Muy pero muy bien, pero igual de escritor que antes, igual de escritor que en el primer día.

Lucas Berruezo. Escritor argentino nacido en Buenos Aires (1982). Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Sus cuentos y artículos circulan por la web en distintas revistas, como Insomnia, miNatura, Axxón y Periódico irreverentes. Gestiona El lugar de lo fantástico, un espacio dedicado a la literatura y el cine de terror. En 2015, la editorial Muerde Muertos publicó su primera novela “Los hombres malos usan sombrero”.

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