Claroscuro

Alberto Ernesto Feldman

 

En 1996 se estrenó “Claroscuro”, una excelente película  inglesa basada en la vida de David Helfgott y su complicada relación, con el concierto Nº 3 para piano y orquesta de Rachmaninoff, relación que lo llevó a la locura.

Para comprender el drama de David, conviene conocer dos cosas: este concierto, y la relación con su padre.

Esta obra es hoy uno de los conciertos preferidos de los melómanos y al mismo tiempo una tentación para los pianistas que son atraídos por su hermosura pero por las dificultades que presenta, constituye también un gran desafío, que no siempre se logra vencer.

Quizás estas dificultades son las que han hecho que haya sido bastante ignorado hasta hace unas pocas décadas, en beneficio del Concierto Nº 2 del mismo autor, una joya romántica que gozó del favor unánime del público desde su primera audición, hace más de un siglo, siendo muy difundido desde las primeras grabaciones en pasta, y es un habitante muy frecuente, en todas las épocas, de las colecciones hogareñas.

Volviendo al Nº 3, hay excelentes versiones una de ellas la de nuestra compatriota Marta Argerich, pero donde se aprecia muy bien el esfuerzo que acompaña necesariamente al talento es en una versión de una joven rusa, Olga Kern, presente en “ youtube” con un excelente audio y una cámara muy hábil que se empeña en mostrarnos el esfuerzo y la pasión en el rostro de ella y en sus manos, navegando, castigando, o bordando filigranas sobre el teclado.

David y su familia, son inmigrantes judíos australianos en Inglaterra. El padre, un hombre autoritario, amante de la música en general y de la de Rachmaninoff en particular, conduce con mano férrea la educación musical de su hijo, posiblemente, es él mismo un músico frustrado.

La niñez y parte de la adolescencia de David transcurren con una disciplina rigurosa y un trabajo obsesivo para superar los escollos del aprendizaje, lo que junto con la pérdida de juegos y amistades propias de la edad lo van convirtiendo en un joven taciturno e insociable, con insomnio y pesadillas frecuentes, en las cuales se enfrenta con los problemas de digitación, interpretación y lectura que encuentra en sus estudios, lo que minando sus energías mentales.

Su padre supervisa las clases de su hijo y sus actuaciones en familia y en reuniones sociales y erradamente, en vez de alentarlo, cree que la superación vendrá castigando sus errores con rigor, humillándolo , lo que paulatinamente hace perder al ya joven David, la confianza en su capacidad, mientras terribles sueños siguen acosándolo todas las noches.

Empujado siempre por su progenitor, consigue ingresar tras exhaustivos exámenes, a la prestigiosa Real Escuela de Música de Londres y cursa allí sus estudios superiores de piano.

Luego de un intenso curso, debe ser evaluado con la ejecución de un concierto, que como ya puede imaginarse, será el 3º de Rachmaninnof, elegido por su padre, quien no tiene en cuenta la opinión en contrario de los profesores, que acuerdan en decirle que su hijo es un buen alumno pero que las dificultades de este concierto exceden sus posibilidades.

El padre, a toda costa quiere satisfacer su deseo y lo obliga a estudiar afanosamente esa obra para el examen de graduación, con lo que el esfuerzo desgastante de muchas horas diarias sigue alimentando las pesadillas nocturnas que ahora se repiten una y otra vez, acompañadas por los distintos pasajes difíciles de la obra.

Por fin llega el día de la ejecución en público. Y la acumulación de tensión y angustia lleva al joven pianista al pico máximo de estrés en los vibrantes compases finales, algo se rompe en su mente y cae en un profundo shock. Pasará largos años de internaciones y tratamientos y por fin alrededor de los cuarenta y cinco años, el amor de una mujer que lo quiere tal cual es, sin exigirle que sea un genio musical, le permite alcanzar un poco de la simple alegría de vivir que le estuvo vedada y disfrutar y compartir su habilidad musical sin estrellarse con una pared como esa en que la exigencia de su padre convirtió al hermosísimo concierto Nº 3 de Sergio Rachmaninnof, con el que David Helfgott sueña todavía algunas noches.

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