Memoria entre dos siglos

Miguel Rubio Artiaga 

 

 

Soy la memoria
entre dos siglos.
Pero mi poesía no tiene edad
ya había nacido
con la primera estampa rupestre
un tronco hueco
y unos gruñidos
alrededor del fuego.
Mis versos fueron cazadores
cuando las leyendas
se cimentaban en lanzas,
en piedras y gritos.
Cuando nació la escritura
como pintura de los sonidos
la poesía ya era vieja,
la misma edad del Sol, la Luna,
casi los mismos siglos.
Mis versos ya eran viento
y paseaban por estrellas
surcando los ríos.

Soy la memoria
entre dos siglos.
Nací en un país en blanco y negro
y he visto nacer los colores
desde el azul del cielo
a los jazmines amarillos,
el verde bruno del romero,
las siempre vergonzosas amapolas
y cuando lo peina el viento
las doradas oleadas del trigo.
Me crié en un crisol de vapores
de neblinas soñadoras
persiguiendo un horizonte
de utopías imposibles
perdido en el camino.
¡Espejismos!
Locuras de un soñador derrotado
que soñaba con volar
y mirando los luceros altos
al dar un último salto
sangraba en el hondo espinar
de los traidores abismos.

Me tocó ser la memoria
entre dos siglos.

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