El beso

Ricardo Vacca-Rodríguez

 

Nunca habíamos tenido una discusión como esa noche.  Ella gritó, me lanzó esa mirada de feroz enojo que aun desconocía y uno de sus zapatos azules que le regalé para su cumpleaños. Me dejó hablando solo. Salió del dormitorio dando un portazo, estremeciendo los cristales de la ventana, echando a rodar sobre la alfombra las dos tazas con té verde aun calientes y mi sorpresa. Me quedé sentado en el borde de la cama, esperando su probable retorno. Después de media hora de haberse filtrando lentamente el silencio por las hendiduras del apartamento, opté por desnudarme y me acosté. El árbol de la noche continuaba creciendo. Apagué la luz de la mesita y la soledad mordió mi cuerpo de forma cruel. ¿Por qué ella, reacciono de esa forma, ante lo que para mí fue una tontería? Era la primera vez que se comportaba de ese modo. ¿Y si fuera yo el responsable de esa discusión y no lo estaba reconociendo? Preguntas para las cuales no tenía aun respuestas. Sin embargo, sus últimas palabras antes irse, eres un canalla, y lanzarme la puerta en las narices, aun se elevaban en la noche como pancartas y me herían. Mientras pensaba en ella, en su filosofía retorcida, en la línea de sus piernas, en su voz ronquita de cantante de bolero cantinero, me quedé dormido. Era ya de madrugada, cuando mi sueño profundo lo interrumpió un beso tierno y húmedo en mis labios. La oscuridad coronaba la noche. Pensé que era parte de un sueño o ¿tal vez era ella que había retornado silenciosa a disculparse dándome ese beso? Me quedé quieto, mientras buscaba una respuesta lógica. De pronto, un segundo beso húmedo, más intenso aun y efusivo que el primero, me sacó de mis cavilaciones. Era ella sin duda que había regresado y avergonzada no atinaba a pronunciar palabra, solo me besaba dejando en mis labios aquella solicitud de erótico perdón. La oscuridad ocultó mi sonrisa cómplice. Pasé mi lengua sobre mis labios saboreando la exquisita saliva de aquel beso. Extendí mis brazos y busqué entre la noche su cuerpo para abrazarla y corresponderle. De pronto, algo me sobresaltó. Un frío me bajó desde la nuca y recorrió mi espalda erizándome el cabello. Rápidamente alargué la mano para encender la luz al percatarme de que yo vivo solo en mi apartamento.

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3 Respuestas a “El beso

  1. Realmente notable el hilo conductor de la ficción o de esos caminos torcidos. Te internaliza y te atrapa desde los primeros renglones.
    Bien Ricardo.

  2. El relato te va llevando entre olas que suben y bajan con la fuerza de los sentimientos. Nos crea una atmósfera para al final lanzarnos a la realidad de la soledad.

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