Duelo en el espacio

Francisco José Segovia Ramos

 

Pesa la estrella plateada. Pesa en el silencio y el vacío del espacio. Pero es mi responsabilidad. Debo detener a Jackson “cuatro dedos”. La pantallita del ordenador me indica que él se acerca. Con su pequeña nave, con la que ha realizado tantos asaltos a cargueros espaciales. Está al otro lado del planetoide. A estas alturas debe saber que he venido a por él. Jackson, a pesar de ser un delincuente, no es ningún cobarde, y plantará cara, hasta que uno de los dos haya desaparecido del universo.

Quizá no debería haberme alistado a los rangers del espacio. Sin embargo, la tradición familiar manda. Y también las necesidades de la pequeña comunidad de colonos a la que vengo a defender. Si los cargamentos de las naves de transporte no les llegan, pasarán malos momentos. Hay ancianos y niños con ellos, y me debo a los más débiles. Jackson ha de pagar por sus delitos.

El ordenador avisa que la nave de “cuatro dedos” aparece en mi horizonte de combate. Activo el armamento de mi cohete personal, y comienzo a realizar las primeras maniobras de evasión y ataque. Mi enemigo hace lo mismo.

Sé que es rápido, pero mi experiencia también cuenta. A lo lejos, sobre nuestras cabezas a veces, bajo nuestros pies, otras, el sol de Vega-2 observa un duelo que se parece mucho al del viejo oeste.

Pero no hay testigos para verlo, solo las lejanas y silentes estrellas.

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