Viernes de cine: ¨El cabo del miedo¨

Fernando Morote

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Aunque nunca ha sido mi favorito, debo reconocer que Robert Mitchum luce extraordinario en El cabo del miedo. Siniestro y aterrador, interpreta a un ex presidiario resentido, obsesionado con vengarse del hombre que lo envió a la cárcel. Dejando de lado su habitual inexpresividad, se transforma en un auténtico matón, tan cínico y lascivo que resulta admirable. A sus 45 años de edad se maneja un cuerpazo, además. Su temporada en prisión no lo ha reformado en absoluto. Es grosero, sucio, descortés y goza atacando mujeres indefensas. Por su peligrosidad debería permanecer encerrado. Sin embargo se pasea libre en las calles de una ciudad no determinada del sur de los Estados Unidos; la presencia del sol, el mar y las palmeras hace presumir que puede ser algun lugar de Florida.

6En la vereda opuesta camina el sobrio Gregory Peck —con su potente voz, capaz de hechizar incluso al público masculino—, abogado y hombre de familia cuyo testimonio en juicio sirvió para condenar a Mitchum por el delito sexual de violación. En su desesperado afán por proteger a su esposa e hija de la mortal amenaza que aquél representa, acude a la policía, contrata un detective privado, paga matones y hasta decide eliminarlo con sus propias manos. Finalmente elabora un plan más inteligente y le tiende una trampa.

11La cacería mutua entre ambos protagonistas registra notables escenas de peleas a puño limpio. La secuencia que muestra a la adolescente perseguida al salir del colegio, obligándola a encerrarse en el cuarto de máquinas de un edificio, sólo para descubrir que no era el depredador sino un empleado de mantenimiento el que iba detrás de ella, es de una tensión brutal. 7El cierre del film, con los dos contrincantes físicamente exhaustos en medio del pantano —uno de pie apuntando al otro tendido sobre el matorral—, es suficiente para concluir la historia sin necesidad de utilizar trucos gastados con intervención de autoridades, arrestos ante la ley y esposas en las muñecas.

Debido a su fanatismo por la obra de Hitchcock, el inglés J. Lee Thompson —que dirigió también a Peck en Los cañones de Navarone en 1961— se aseguró de incorporar elementos de suspenso y terror en el largometraje, para lo cual convocó asimismo el genio musical de Bernard Hermann; su poderosa banda sonora conduce a la audiencia en todo momento hacia una creciente y estremecedora sensación de pavor.

El reparto ofrece otras caras conocidas: el carismático y siempre eficiente Martin Balsam, expeditivo líder del jurado en Doce hombres en pugna de 1957, es el comisario del condado; Telly Savalas, todavía con pelo en la cabeza (famoso por su personaje del calvo Teniente Kojak en la televisión), es el investigador civil que puede realizar gestiones vedadas a la policía por restricciones burocráticas; y Edward Plat, el simpático Jefe del Super Agente 86 en la divertida serie de los 60, es un juez de corta aparición.

En la muy bien lograda versión de 1991 a cargo de Martin Scorsese, con Robert De Niro y Nick Nolte en los roles principales, vuelven como invitados Mitchum y Peck, ya ancianos (actores contemporáneos que iniciaron su carrera en Hollywood a mediados de los 40), ejecutando sendos cameos. Sus efímeras participaciones en la cinta despiertan un toque de nostalgia por la producción original de 1962.

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