Nosotros, los otros

Miguel Rodríguez

los-otros

Art-Foto Samarango

 

Un día llegó a casa y nos lo dijo, no tenía cara de sorpresa ni de horror, tampoco de complicidad o confidencia, nos lo dijo a la hora de la cena: ‘He matado a alguien, no era importante, era inevitable, no había opción’. No sé si nos miró, y siguió con el segundo plato. La cena había acabado años antes para nosotros, los otros.

Nosotros, los otros, hicimos como que no habíamos oído, ella siempre había sido muy rara, pero la vida siguió y los detalles de aquel asesinato empezaron a llenar las noticias, la ciudad, sin duda no podía ser algo tan espantoso, propio de la mente de un psicópata.

Por eso no nos quedó más remedio que empezar a sospechar de ella y aceptar que lo que dijo o habíamos creído oír años antes en aquella cena era verdad, inevitable o no, y nos llenamos de remordimientos, de odio hacia nuestra propia hija, que era imposible que hubiera hecho aquello, porque no había puesto cara de sorpresa, de horror, ni de nada, nos lo dijo sin cara, casi sin voz, juraría que casi no nos lo dijo y lo inventamos nosotros igual que se sufre una alucinación antes del postre. La prensa puede llegar a ser muy cruel.

Al final, unos años después la matamos. O puede que fuera unas cenas después, es difícil precisar. La matamos como hicimos con los demás, con los otros, y seguimos con la cena. Los años pasan. Estas cosas se hacen así. Ella nunca saldría en las noticias.

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