Abrió el abanico

Miguel Rubio Artiaga

Labios

Abrió el abanico
y el viento
quedó hipnotizado
moviendo
los ojos al ritmo
cadencioso,
de su cabello,
de lado a lado.

Cruzó las piernas
y los pilares
de las catedrales
temblaron,
resonando al aire
las campanas
al vibrar histérico
de los badajos.

Guiñó un ojo
y un telón azul
se levantó
destapando
el paisaje
esperanzador,
de miradas por nacer
y sueños no soñados.

Entreabrió lentos,
como dando un beso,
los labios
y se lo llevó
un pájaro pícaro.
Se lo dio a la nubes
y éstas con sus
gasas de pintar
lo dibujaron.
Algodones celestes
con la forma
desafiante,
sensual,
de sus labios besando.

Sonrió feliz
y la primavera
llegó en invierno,
con las flores
ya abiertas
adornando
las laderas de hielo.

Rió con la risa
que se esconde
sólo en los soles,
carcajadas sinceras
guardadas allí,
por los más antiguos
de todos los dioses.

Bailó desnuda
en la noche
y tras la estela
de sus pies descalzos
en movimiento,
el Mundo desapareció
impotente,
tras una cascada
de pequeños
y recién nacidos
mundos nuevos.

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