Grajeas eróticas: «Dudas de madrugada»

Harry Rainmaker

Mujer durmiendo

Yaciendo de lado, la esposa se revolvía, se quejaba, se agitaba. En el colmo del frenesí dio en murmurar palabras inconexas. Hasta que muy claramente, por dos veces, repitió suspirando: «¡Nacho, Nacho!» Entonces el marido supo que estaba soñado con otro.

Y por no saber qué hacer, dejó que siguiera gozando.

 

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