Soledad

Teresa Galeote

Soledad

“La soledad en compañía es lo peor que puede sucederte”, confesó Olga a Julio cuando se encontraron por primera vez en el café Continental. A partir de entonces se frecuentaron; ella le hablo de su vida, de sus decepciones. Él aseguró que la llevaba esperado largo tiempo, y que juntos afrontarían el futuro. Olga miró los ojos de Julio y en ellos vio todo el amor del mundo.
Durante un tiempo compartieron alegrías, tristezas, añoranzas y el dolor de un nacimiento malogrado. Después, las palabras se fueron perdiendo entre sombras y desencuentros. Cuando el silencio se dilató hasta traspasar los bordes de la casa, Olga supo que había llegado el momento. “Gracias por haberme ofrecido todo este tiempo, pero ahora debemos separarnos”, anunció una noche mientras compartían cena y cansancio. Julio, que aún guardaba entre los pliegues de silencios compartidos el calor de sus besos, agarró con ternura las manos de la mujer. “Reconsidera tu decisión. La vida también está hecha de silencios”, propuso mientras sus ojos se volvían de agua. Ella le miró largamente y le obligó a recordar su primer encuentro en el café Continental.
Ya de madrugada y mientras Julio dormía, Olga metió en la maleta sus escasas pertenencias y, con pasos de felino, salió de la casa.

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