PAUL CELAN Y LAS LECTURAS INDIGNANTES

Jorge Carrión

2013-02-11-13-33-411

 

 

Aunque editoriales como Arena Libros, Herder, Siruela, Fragmenta o Lleonard Muntaner estén participando decisivamente en la recepción española de Paul Celan, publicando lecturas muy distintas de una de las poéticas fundamentales del siglo XX, no hay duda de que está siendo Trotta la responsable decisiva de su difusión. En su catálogo encontramos tanto la útil traducción de la totalidad de su obra a cargo de José Luis Reina Palazón –que incluye los poemas de juventud y los póstumos– como muchas interpretaciones hermenéuticas, algunas complementarias, la mayoría irreconciliables, de esos mismos poemas. Junto con Poesía contra poesía. Paul Celan y la literatura, de Jean Bollack, que no sólo es el libro más importante que se ha publicado sobre el escritor, sino también uno de los ensayos literarios más incisivos que existen, y un título absolutamente afín como es Estudios sobre Celan de Peter Szondi, encontramos trabajos que tratan de vincular acríticamente la obra celaniana con el misticismo cristiano o judío y con la tradición poética germánica, casi siempre sin reconocer la importancia de esos dos autores y sin respetar los títulos mencionados u otros también de referencia, como Sentido contra sentidoPiedra de corazón, que el mismo Bollack publicó en Arena Libros, o como Celan, lector de Freud, que su traductor Arnau Pons publicó en Lleonard Muntaner Editor. Porque tampoco hay duda de que la persona que más ha hecho por una interpretación compleja del poeta en lengua alemana es Pons, cuya reciente traducción de De llindar en llindar (Labreu) es sencillamente histórica.

Por la importancia de esos títulos, a los que tenemos la suerte de poder acceder en nuestras lenguas, no se entiende que sean ignorados en volúmenes que intervienen activamente en el mismo contexto de recepción. Me refiero, por ejemplo, a Tres poetas del exceso. La hermenéutica imposible en Eckhart, Silesius y Celan o a Passió, meditació i contemplació. Sis assaigs sobre el nihilisme religiós (ambos en Fragmenta Editorial) de Amador Vega. En términos de debate y de conocimiento, que se inscriba al poeta en la tradición religiosa y poética que combatió desde sus propios versos, porque la veía en sintonía con la celebración y la violencia que acompañaron al nacionalismo alemán desde el romanticismo hasta el exterminio (“se inscribe en la tradición de una religiosidad cósmica que, como el autor de los salmos, halla lo sagrado en las piedras, en el agua y en el aire”; “es veia a si mateix com l’hereu de la gran tradició mística jueva”, “a través de l’autosacrifici y l’autonegació del llenguatge, convoca constantment el Déu absent”), me parece menos grave que se esquive la confrontación, que se oculte la firme interpretación de Bollack y sus colaboradores, que se oblitere la bibliografía que mejor ha leído a Celan. De ese modo Vega se sitúa en la línea de George Steiner, que también trata de llevar a cabo una lectura directa, forzando los textos para que encajen en el ámbito de los intereses personales. En La poesía del pensamiento. Del helenismo a Celan (Siruela) habla de lo “intimidatoria” que es “la zona de exclusión en torno a Celan”, donde “los hechos se disuelven en charlatanería”. Después del enésimo acercamiento a los versos que resultaron del encuentro entre el poeta y Heidegger, Steiner concluye: “El pensamiento filosófico soberano, la poesía soberana, uno al lado de la otra, en un silencio infinitamente significativo, pero también inexplicable”. Para llegar a semejante conclusión tal vez hubiera sido mejor no iniciar la escritura de ese capítulo, porque leemos para intentar una comprensión, no para renunciar a ella.

Fue Hans-Georg Gadamer el más célebre seguidor de esa estrategia en ¿Quién soy yo y quién eres tú?, donde una poesía que problematiza el legado de autores como Eckhart, Rilke o Heidegger y que recuerda en cada pieza el acontecimiento histórico del exterminio es asimilada y neutralizada. Por suerte la misma editorial Herder publicó en 2009 Gadamer, lector de Celan, de Robert Caner-Liese, donde se analizan los mecanismos con que el filósofo elimina la gran carga política de la obra celaniana y desemboca en el estancamiento del diálogo: “sólo queda el monólogo narcisista de quien encuentra lo que ya sabía antes de empezar”. Sin situarse en el frente bollackiano, pero sin ignorarlo, Caner-Liese construye su propio espacio hermenéutico en la selva de los estudios sobre el autor, para reflexionar sobre cómo leemos, para qué, por qué.

En mi opinión Escriure després parte de un gesto innecesario: magnificar un libro sin importancia como es Viure mata, de Abel Cutillas. Circulan muchos libros y demasiados textos más peligrosos e influyentes, que sí merecerían un examen minucioso y una polémica constructiva. Pero entiendo la indignación de quienes colaboran en él, porque el modo en que muchos profesores e intelectuales siguen escribiendo sobre el contexto de Celan (el que condensamos en el topónimo Auschwitz) es indignante.

[Publicado en Cultura/s. 30/1/2013 y en el BLOG del autor]

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