La culpa es de Chomsky

Nelson Verástegui



El mundo que nos ha tocado vivir es el resultado de la suma de los egoísmos de millones de personas, de fuerzas que van en todos los sentidos para finalmente llevarnos en una dirección con un rumbo imprevisible. Es mucho más difícil de conducir este planeta que un velero el cual, gracias a la contraposición del viento y de las velas bien orientadas avanza: sin viento o sin velas el velero no se mueve. La unión hace la fuerza. Si nos deja- mos llevar por la corriente, si no nos detenemos a pensar en lo que estamos haciendo o padeciendo, seremos cómplices y víctimas del sistema y no podremos echarle la culpa a nadie y menos a Chomsky.

Claro que analizar el pasado y explicar las decisiones es mucho más sencillo que vivir y actuar en el presente. Imaginar el futuro es otro ejercicio que no compromete a nadie. Son pocos los visionarios que aciertan en sus previsiones. No sabemos para dónde vamos, pero allá vamos. La avalancha de información, las manipulaciones de los medios de información o de la misma gente que con ayuda de la Internet circula mensajes alarmantes o mentiras o datos truncados o falsos con el fin de influenciar a otros por motivos oscuros.

Si fuéramos ángeles, los sistemas funcionarían según las reglas previstas y sin sacar partido de las excepciones, sin corrupción, pero como somos seres humanos imperfectos, cada uno tira de la cuerda en su propia dirección, cada uno quiere tirar los hilos del títere y nunca ser una marioneta. Soy escéptico o quizás demasiado racional para creer que un mundo equilibrado se realice. Las injusticias continuarán ineluctablemente. Lo que me gustaría y creo que está a nuestro alcance es un mundo donde la gente tenga lo mínimo necesario para vivir dignamente, donde el materialismo no sea dictadura; hablo del materialismo en el sentido de darle demasiada importancia a los intereses materiales.

Abramos los ojos, seamos conscientes de nuestros límites, de lo pequeños que somos, pero sobre todo de la oportunidad que tenemos de modificar la ruta del barco en el que viajamos si nos interesamos en la política y no se la dejamos en manos de politiqueros aprovechados. Controlemos el sistema desde abajo. Aunque parezca ingenuo, creo que el ser humano tiene potencial para sacarnos de este cuasi marasmo. En ese sentido soy optimista sin ser iluso y creo en el ser humano en el humanismo. El dinero representa el trabajo, pero cuando se especula con él, cuando se vive a crédito y solo se buscan ganancias financieras rápidas sin respaldo de una actividad productiva concreta y real, lo que se hace es inflar un balón que ineluctablemente va a estallarnos en la cara.

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