Palabras sobre la nieve

 

Pedro Antonio Curto

 “La nieve no es sólo felicidad, no es sólo calma o anestesia para el dolor, diríamos que la nieve, como el desierto, como el espacio invadido por la niebla o la noche, se convierte en el espejo de quien la contempla; es lo que tú eres o desearías ser, despierta la imaginación, y hace que el escritor torturado pueda ver sobre ella el ángel negro. Ese raro espejo poético hace que cada cosa pueda ser esa misma cosa y su contraria.” 

 

  Es el viaje a través de la nieve al que nos invita la escritora Menchu Gutiérrez en su libro Decir la nieve (Siruela, 2012) en la que se nos presenta a ésta como algo más que un mero elemento climático, algo que transciende a una fisicidad espiritual, capaz de convertirse en emoción cuando nos comunicamos con ella, dotada de un simbolismo que nos llena la visión con su blancura, pero que tras ese color en apariencia neutro está un crisol de colores cálidos.  Son los rostros ambivalentes que nos muestra la nieve, que pueden ser tanto de dulzura como de ferocidad, de dureza como de muerte, dureza y fragilidad al mismo tiempo. Por eso ha atraído sobre su fría blancura la mirada de poetas y pensadores. Así Menchu Gutiérrez nos la enseña a través de la emoción, de lo simbólico, de las metáforas, de las experiencias, va tejiendo un ensayo simbólico recorriendo las visiones de escritores como Kawabata, Kadare, Tanizaki, Danilo Kiŝ, Dostoyevski, Tsavetáieva, Hemingway, entre otros. 
 No es extraña la presencia de varios autores japoneses, pues para ellos la nieve es parte de su cosmovisión, emparenta con la fugacidad de los cerezos en flor, con los elementos que se transforman y que solo durante unos instantes, pueden alterar la plenitud, como dice un haiku: “La nieve que ayer/ caía como pétalos de cerezo/ es agua de nuevo.” O en una frase de Busho: “La nieva de la cima piensa que es eterna, mas sólo es el sueño de un volcán.”

 Una de sus características es el silencio, hace enmudecer al paisaje a la vez que lo transforma y por eso puede convertirse en materia poética, en un elemento que en su envoltura, en las sensaciones que produce, en las visiones que ofrece, es un elemento para la creación.  Es posiblemente una de las cosas que más nos aproxima a la experiencia del silencio. Esa experiencia creativa es la que invade al escritor protagonista de Las nieves del Kilimanjaro de Ernest Hemingway, un hombre insatisfecho con su vida y su obra que después de ser herido, con otra herida en su interior, volando en un aeroplano, comprende la pequeñez de las cosas ante las cumbres nevadas y la fusión de sus propios recuerdos.
 La autora nos muestra también cómo las nieves pueden contener a Eros y Thanatos. Así nos lo describe en un relato propio perteneciente a una de sus novelas, una mujer que realiza un coito con la nieve. O como se define en otro sentido por parte del poeta brasileño Lêdo Ivo: “Cuando te amo, pienso siempre en la nieve/ en una nieve tan blanca como el propio esperma”. A la muerte nos acerca por ejemplo a través del autor yugoslavo Danilo Kiŝ, que nos cuenta un relato donde un hombre que escoge la nieve para suicidarse, como una forma de entregarse a su calor frío, de abandonarse a su dulzura embriagadora y asfixiante, desechando otros métodos de darse muerte más violentos. Y para finalizar, un relato donde la realidad y la ficción se mezclan, Robert Walser. El escritor había hablado sobre la nieve, para él era una fuente de inspiración (“el frío es para mí un fuego abrasador, indescriptible”), y como si de un protagonista  de sus propios relatos se tratara, murió sobre la nieve. En uno de los paseos que formaban parte de su vida, su cuerpo quedó rodeado de blancura, con las huellas de sus pies marcando su sendero final, como se muestra en una fotografía, dotada de tragedia y belleza. 
 Menchu Gutiérrez es una autora a contracorriente, con una manera propia y yo diría intransferible de contar, de sentir el hecho narrativo a través de los sentidos, de las emociones, de las imágenes que se pueden construir con las palabras. Lo hace en sus novelas, en sus poemas y también en este ensayo poético, en el cual va dibujando a través de diversos textos, de sus reflexiones, cómo la nieve, su esencia efímera, nos ha ido acompañando, formando parte de nuestra cultura emocional. 
                                                   
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