Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Un poquito tóxica”

Ítalo Costa Gómez










No soy un chico celoso. Ni con mis amigos ni con las personas con las que me he vinculado amorosamente. Creo que en ese aspecto no soy inseguro para nada. Debe ser porque mis verdaderos amigos me conocen bien y saben darme mucha seguridad con respecto a sus sentimientos y en el aspecto romántico creo que la confianza es una de las bases más importantes. Sin confianza no hay nada. Cuando he dejado de confiar pues he dejado ir. Creo que es lo mejor.

[Celos de tus ojos cuando miras a otra chica. Tengo celos. Celos. Celos de tus manos cuando tocas a otra chica. Tengo celos. Celos. Cuando caminas con alguien. Cuando te encuentras con alguien. Cuando te siento feliz. Yo tengo celos, tengo celos]

Tengo amigas y amigos que sí son muy celosos y, por supuesto, no me meto. Hay que ser muy cuidadosos porque no nadie sabe lo que pasa en el corazón de la gente y menos entre cuatro paredes. En este encierro que vivimos rompí mi propia regla y les quiero revelar cómo fue.

Cuenta la historia que me llama Mary a decirme que habían ascendido a Luis, su esposo, quién también es mi amigo. A ambos los quiero mucho. Me parecían una pareja encantadora y sin dramas. Los llamé a los dos para felicitarlos y desearles lo mejor. No me gusta mucho hablar por teléfono, pero la ocasión lo ameritaba. Todo salió muy bonito.

Al pasar un par de horas Mary me escribe.

-Flaquito, qué alegres nos dejó conversar contigo. Estoy un poco preocupada porque ahora Luis va a tener otros amigos. Seguro que en esa área hay más mujeres y tú sabes cómo son los hombres.
-Luis te ama. Entiendo que haya un poco de nervios, pero él siempre ha sido un hombre correcto. No te rompas el coco. Habla con él, dile lo que sientes para que te dé la tranquilidad que necesitas.
-¡JAMÁS! – bien alteradita eh -. Va a pensar que si me deja me mato. Jamás, mi amigo lindo. Simplemente me voy a poner bien pilas con su teléfono y tengo que averiguar la contraseña de su Instagram… la de su correo si la tengo.
-Asu madre. ¿Sabes qué? Un poquito tóxica te veo. Un poquito bastante. No le hagas eso a Luis y mucho menos te hagas eso a ti misma. A tu autoestima. No me parece sano. Si igual lo vas a hacer entonces no me cuentes.

No me respondió nada así que supongo que el plan “Seguir a mi marido hasta al baño” sigue en marcha. Le andará oliendo las camisas mientras compartimos este relato. Creo que la pandemia nos ha dejado medio tembleques, inseguros y asustados emocionalmente, pero hay que recordar que no existe mayor tesoro que vivir en paz. Estar en un ambiente seguro y armonioso con quienes amamos y con nosotros mismos. Ser muy celosos o posesivos puede sabotearnos la felicidad. Luis es un gran chico y no sé qué pensaría si se entera de lo que va a hacer su tierna esposa. Toda la desgracia está ocurriendo solo en la cabeza de ella, pero la está materializando. Está llamando al desastre.

No dejemos que los miedos y fantasmas controlen nuestra vida y derriben lo que tanto tiempo y amor nos ha costado construir.

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