KARADA: ¿POR QUÉ EL CUERPO?

Pedro A. Curto









En la sociedad actual hay un fuerte culto al cuerpo y sin embargo no hay una cultura del cuerpo. Es un objeto que podemos moldear según los cánones estéticos del momento, pero tendemos a ignorarlo como elemento social e histórico. De esa paradoja escapa en buena medida la cultura japonesa, que suele dar un contenido espiritual y formativo a lo estético, así como ha estado en la periferia del pensamiento dominante que emana de occidente. Es lo que analiza el ensayista Michitarô Tada en el libro “Karada. El cuerpo en la cultura japonesa” (Adriana Hidalgo editora).

La palabra Karada significa en japonés, literalmente, “cuerpo”, pero sus concepciones van más allá, “sustancia” o “realidad” y el más complejo, “superficie o mostrador para imágenes”. El autor va diseccionando cada parte a manera de un descubridor, empezando por la cabeza y terminando por las piernas y los pies, y en medio están el hombro, el vientre, la cintura, las caderas… Analiza la función de cada parte, tanto en relación con el conjunto del cuerpo, como a lo largo de la historia y con todo en lo que se apoya y relaciona: “Un ser humano está ligado a la almohada, forzado a dormir en una posición que se aproxima a la que tendrá en la muerte.” Nos descubre algo que no tiene nombre en castellano, aunque exista: “Entre despertar y dormir hay un tiempo íntimo que se denomina makura.” Sitúa el debate sobre el cuerpo en su país: “Japón se encuentra bastante confundido hoy por hoy; estamos divididos entre atama o el cerebro y karada o el cuerpo, lo cual es lo mismo que decir que estamos divididos entre la civilización y la sencillez.” Se adentra en las diferencias y conflictos con otras culturas, “Entre todas las culturas, sólo la japonesa debe ser la que valora la belleza del pie descalzo”, sin ignorar sus aspectos más negativos, “En virtud de las apariencias los pies de las mujeres han sufrido durante cientos de años.” Porque el cuerpo es parte de la geografía, pero en su desarrollo más allá de la animalidad ha compuesto la geografía humana que domina el mundo. Incluso en las culturas dominantes: “El impacto cultural de Norteamérica tuvo su punto de inicio en las caderas de Marilyn Monroe”.

La mirada de Michitarô Tada a lo largo del libro es especialmente japonesa, coloca al cuerpo en la tradición colectiva, en esa capacidad que tiene la cultura nipona para detenerse y reflexionar sobre su esencia. Pero ese conocimiento de lo japonés que el autor tiene se universaliza por cuanto es capaz de tener una cosmovisión útil para toda sociedad: “En un estado de sosiego, ¿no podrá el individuo humano ser fácilmente inundado por una profunda emoción al observar el cuerpo propio”.

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