CECILIA, MORIR EN AGOSTO

Pedro A. Curto











Soy como un verso suelto, sin rima, sin par.
Cecilia

Era verano, comenzaba agosto y comenzaba la semana, era 1976 y se suponía que una nueva etapa comenzaba en España tras la larga dictadura. Todo eran comienzos, pero en la madrugada del día dos un accidente finalizaba con la vida de Evangelina Sobredo, la mujer que había creado a una cantautora llamada Cecilia.

El mes de agosto es algo así como un domingo largo, más aún en aquella época donde el país parecía clausurarse y lo único que estuviese abierto fuese el veraneo. En aquel entonces yo era un escolar que iba a la EGB y ese escolar sintió de manera especial la muerte de Cecilia. Aunque ni siquiera tenía edad para comprender la mayoría de sus canciones, algunas con letras complejas, algo me atraía de ese ramito de violetas, dama dama o la querida España, sus tres temas más conocidos. Creo que fue uno de los primeros casete que compré en mi vida y lo puse tantas veces que la cinta terminó estropeándose. Durante cuarenta y cinco años he seguido escuchando y leyendo unas letras que son toda una construcción ya no solo musical, sino literaria de primer orden.

Las personas que mueren jóvenes no envejecen, permanecen con sus facciones juveniles instaladas en el recuerdo, y en el caso de personas famosas, formando parte del imaginario colectivo. Ahora que podría ser el padre de esa cantautora de largos y lacios cabellos negros de veintisiete años, me es imposible pensar en una Cecilia de setenta y dos. Porque sin llegar a cumplir los treinta ya era famosa, pero eso es circunstancial, lo importante es la transcendencia y categoría de una obra que sigue vigente, y que es posible se convierta en eso que pueda denominarse “clásico”, lo cual significa un pasaporte para la inmortalidad.

Como el escolar de EGB nunca ha tenido un gran oído musical, siempre me han interesado las letras de las canciones y las de Cecilia son una obra poética en las que puedes sumergirte intelectual y emocionalmente. “¿Quién pudiera mirar con los ojos en paz y verme a mí misma por el mismo prisma que los demás?”, se pregunta en un monólogo interior, un yo confesional del que participan varias de sus canciones. “No me pertenece el paisaje/voy sin equipaje por la noche larga”, canta en Andares, que junto a otras como Don Roque, se mete en el traje machadiano. La crítica a las clases burguesas en la conocida Dama, dama, pero también en otras como Fauna: “El paseo de la calle Serrano/su alondra en la mano.”La mirada crítica a su entorno, “Mi ciudad la hicieron con asfalto y sin aire.” El amor y el desamor con una clara conciencia transgresora a la vez que intimista y de liberación femenina “yo no quiero ser tú sombra en un rincón/la muñeca que no tiene opinión.” La reflexión sobre las españas en la conocida y censurada Mi querida España, pero también pareció detectar lo que se avecinaba, “Los vientos cambian los vientos vuelan pa otro lugar/y a un viento nuevo siempre conviene cambiarse de disfraz.” La crítica social, “al son del clarín tan solo baila el que quiere/al son del dinero quien no se mueve.” Temas de contenido existencial, “toda la vida es mudanza/hasta la muerte.” Cuestionarse patrias institucionales, “Y yo que no tengo ni patria ni bandera/me moriré de pena si muere esta tierra.”Heterodoxa y vanguardista, se ha dicho en alguna ocasión que se adelantó a su época; pues hoy sigue adelantándose.

La posteridad ha sido relativamente generosa con Cecilia, su voz sigue estando ahí, es un mito discreto, aunque quizás no ocupe el lugar que se merece. Sobrevive en medio de la hostilidad, pues la música dominante camina en sentido contrario a lo que ella representa. Los propios cantautores de su época y otros posteriores han envejecido mal, salvo excepciones. Han conseguido un éxito vaciando de contenido su música, banalizándola y viviendo del nombre. Hoy es difícil ser lo que representaba la singularidad Cecilia, más aún teniendo en cuenta el reconocimiento que ella tuvo, palabra en el viento cantada y más aún palabra contra el viento y en el tiempo.

Cecilia murió en agosto y un agosto murió con Cecilia. Queda ella: “ser un viento tibio sobre el mar/ser una brisa fresca de la mañana.”

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