CARTAS CHILANGAS (XXIX)

Juan Patricio Lombera










Carta XX

México 9 de enero de 2020

Estimado amigo:

Lamento no haber podido escribirte los días anteriores, pero como quizá te había comentado, he realizado un viaje a Santa Clara del Cobre que ha resultado toda una odisea. Si piensas que ya en el siglo XVI había una misión jesuita en la sierra Tarahumara, en un entorno hostil con unos nativos peligrosos, sólo puedes concluir la grandeza de la obra misionera de esos hombres y de su propio fanatismo que los llevaba a meterse en esa boca de lobo. Para llegar ahí, mi familia y yo tuvimos que salir la madrugada del 3 en un avión a Chihuahua donde pasamos todo el día. Eso nos permitió visitar los museos de Juárez y el de Hidalgo. El primero pasó un tiempo en esa ciudad antes de tener que dirigirse a Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez), huyendo de las tropas francesas al servicio de Maximiliano. En su museo, se encuentra una carroza similar a la que empleaba el presidente y copias de unos edictos firmados en dicha época. La casa donde está el museo es una casa colonial de una sola planta con patio interior, el cual comunica con el resto de las habitaciones. Muy en la línea de Juárez, se trata de una morada humilde. El segundo museo relata la pasión del cura Hidalgo que fue ajusticiado por los “malvados” españoles en dicha ciudad. No tiene gran valor y los cuadros que relatan lo referido menos.

Después de esas interesantes visitas y un paseo por la plaza principal, nos dirigimos a un centro comercial a tomar unos cortes de carne y, tras la comida y un paseo por el establecimiento para hacer unas compras, nos encontramos con la primera sorpresa del viaje; sin previo aviso empezó a nevar en dicha ciudad. Por supuesto, la parada de taxis se colapsó y tuvimos que esperar una hora a la intemperie para poder tomar un transporte que nos dejara en el hotel. Dicho sea de paso, este era una porquería de varios pisos que no estaba preparado para los cambios intempestivos de temperatura. Menos mal que había bastantes sábanas por lo que, pese al frío, pudimos dormir caliente, aunque eso sí ir al baño a medianoche era toda una tortura.

El tren que hace el paseo de Chihuahua a Sinaloa sale a las 6 de la mañana. Si no conoces la lentitud de los trenes mexicanos, te puede sorprender que haya que madrugar tanto para hacer un recorrido de unos 670 kilómetros que, por ejemplo, en España, haces en 3 horas de Madrid a Barcelona que apenas tiene 50 kilómetros menos de distancia. En honor a la verdad, la orografía de México con todo tipo de desniveles y puentes kilométricos, no tiene nada que ver con la llanura que atraviesa el AVE, pero lo cierto es que el tren es de la época de don Porfirio. Recuerdo un viaje que hice de joven a Oaxaca con los compañeros de la universidad. En aquella ocasión, el tren hizo el recorrido en 21 horas. Hoy en día se hace en coche en 6 horas. Creo que eso resume la situación de los trenes nacionales. No obstante, el viaje a Oaxaca fue de lo más divertido. Conocimos a una modelo brasileña que todos quisimos infructuosamente ligar y me hice muy amigo de Chucho con el que compartí libros y porros durante la carrera, pero eso es otra historia que ya te contaré algún día.

Llegamos a Creel al mediodía y tras instalarnos en el hotel, fuimos a comer. Aquella tarde no hicimos nada especial. Tampoco había mucho que hacer como no fuera comprar productos hechos a base de peyote o visitar el museo de la familia Creel en la ciudad. El frío era helador y, aunque había un radiador eléctrico, éste no alcanzaba para caldear la habitación del hotel. Al día siguiente nos llevaron a recorrer la zona; lagunas, cascadas y miradores. Entre medias vimos una cueva donde vivía una familia indígena. Cómo imaginaras las paredes estaban todas ennegrecidas del humo de las hogueras que hacían para calentar sus comidas. Como colofón visitamos la misión jesuita del siglo XVI. Para que te hagas una idea, la sierra Tarahumara es el doble de grande que Galicia y tan sólo tiene una población, a día de hoy, de 70000 habitantes. Imagínate cuantos podían haber en el siglo XVI. En ese sentido, creo que mal negocio hicieron los jesuitas, pues si su intención era salvar almas poca materia prima encontrarían ahí. Los parajes son muy bellos, pero éste tan sólo era el anticipo de lo que nos esperaba al día siguiente en Santa Clara del Cobre.

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