Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA “El gilero monse”

Ítalo Costa Gómez










Saber conquistar es un arte. Entender cómo jugar con el tono de voz, la forma de mirar y saber qué decir para que la otra persona acepte salir contigo a una cita. Bueno entre ese mar resaltan los “gileros monses”. Esos chocheras con floros alucinantemente malos para invitarte a salir, como un “pavilo” que pretendía a la más bajita de mis amigas – cuando estaba soltera – y le dijo en la cola del Mc Donald’s donde estábamos que “no debes comer eso, linda, mejor toma agüita de romero para que bajes de peso. Yo soy nutricionista, llámame y te puedo ayudar”. PITA ROTA, la cagó horrible. Pero el mío le ganó por dos puntos bonus.

Cuenta la historia que un grupo de amigos habíamos decidido irnos al Casino Las Américas porque un grupo musical muy cotizado se iba a presentar en ese clásico hotel miraflorino y nos pusimos nuestros mejores trapos y patitas pa que las quiero.

Teníamos que hacer tiempo y cada uno se fue a una maquinita a jugar algunos centavos mientras esperábamos el bailongo. A mi lado se sentó un chico bien guapo, a mí me llaman la atención las personas altas, medio me derrito y este espécimen superaba el metro noventa. Las alarmas estaban encendidas.

Tall guy: Hola, ¿Estás jugando?

Yo: Mmmm… No, estoy preparando olluquito.
(Huevonazo).

Tall guy: Ah ya… y… ¿con quiénes has venido?, ¿Con tu pareja?

Yo: (Ok, juguemos… ¿por qué no?) No, no tengo pareja. He venido con unas amigas (a mis amigos los ignoré asquerosamente).

Tall guy: Qué bien… Y… qué te gusta hacer?

Yo: Ay no sé, un montón de cosas. Me llamo Italo por cierto.

Tall guy: Mi abuelito también!!! Que bonito nombre. Es italiano, sabías?

Ay ya no me gustó ya… me aburrió. Había sonado el pitito del final. Se había acabado el juego y el pobre no me había hecho reír, no me había dicho nada bonito, me preguntaba y me preguntaba mientras que los delfines de la maquina no salían para volverme millonario entones se incrementaba el estrés.

Cuando vio mi cara de desánimo jugó su última carta y lanzó la frase que lo coronó como “El Gilero Más Monse del Año”.

– “Te ves tan bien que a mi abuelo no le importaría que salga con su tocayo. Si tú quieres puedes ser mi abuelito Italo 2 eh?? eeehh???”
– Yo: (…)

Que mala suerte, carajo. Era perfecto físicamente pero para equilibrar el asunto y alinear los chacras el Universo no lo había dotado de carisma ni de gracia ni de caballerosidad… ni de nada. Ni siquiera de sentido del humor.

Me fui a bailar con mi “anciano” cuerpo y mi mala suerte hasta las seis de la mañana para sentir que aún mi corazón latía y que aún mi cuerpo resistía salsa.

Y a pesar de que esos me abundan, sigo confiando. Sigo intentando ah… sigo intentando. Al menos me regaló un momento que compartir con ustedes.

Aquella noche me fui sin un sol, sin pretendiente y con el título de abuelo. Al menos bailé ¿no? Y nadie te quita lo bailado.

2 Respuestas a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA “El gilero monse”

  1. Cierto, nadie te quita lo bailao. Diosito, creo que repartió las virtudes y los defectos con surtidor, y claro, a unos les toca una cosa y a otros otra. Al guapete ese, le tocó ser un sosainas del carajo. Y, también dicen que todas las rubias guapas son tontas (yo no estoy de acuerdo, no todas lo son). Pues con los guapetes medio pitucos (o pitucos del todo), pasa lo mismo. Cuídate mi amigo. Abrazote.

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