Me confieso que de todas las de mi casa…

Lala González

Lying naked, Gabrielle (1898)-Frantisek Kupka








“Me confieso pecadora y, no busco absolución ninguna. Me estrujaré tres avemarías en el pecho, escupiré tres padrenuestro y, a la hora nona crucifíquenme.”
Lynette Mabel
Mi libélula negra

Confieso que de todas las de mi casa
soy la peor
es lo que siempre he escuchado
con orgullo he defendido este puesto
con la daga en la mano y hasta la muerte.

Todo comenzó a los cinco años, con los manoseos de un cabrón que en su impotencia, la prepotencia la desbordaba en mi infantil clítoris. De ahí a que ya a los siete lo hiciera por mi y para mi y desde mi fue un paso, y hasta el sol de hoy disfruto de mi cuerpo. En aquellos días oscuros, con remordimientos pues “las niñas no hacen eso”. Pero luego de mi tercer matrimonio mandé al carajo esas gríngolas patriarcales impuestas por la religiosidad y me decidí dueña de mi cuerpo… y si es pecado masturbarme, con mucho gusto junto a Onán me quemaré.

Cinco divorcios, sin contar las tantas misas sueltas, y las que me faltan por pagar. Madre soltera que nunca a sus hijos expuso a ningún amante de paso. Bipolar, rota en ocho partes equitativas pero una sola soy.

Confieso también que no sólo el sexo es mi adicción, lo uso más como un pasatiempo, pues suelo aburrirme de éste también. Necesito sentir que siempre es algo nuevo, si es peligroso y prohibido, mejor. En ocasiones me lanzo y en otras, solo fantaseo de lejos y así me torturo. ¿Masoquismo o aún rastros de religiosidad (por aquello de que: “las niñas no hacen esas cosas)?

Las letras son la única manera de manejar mis vicios. Escribir es el mejor método para saciar mis tantas ganas de todo. Leer es mi nirvana. Pero escribir, escribir siempre ha sido la mejor droga para mis tantas condiciones emocionales, conductuales y espirituales. Si me prohibieran escribir, les juro en sangre, en menos de una semana encontrarían mi cuerpo desangrado, pues siempre he dicho que de suicidarme así lo haré.



mas vivo en un solo espejo, mío muy mío y en este todas las mañanas me veo cuento las canas y las arrugas para ver si entre ellas mis verdades aún no escritas puedo encontrar

He aquí, mis queridas hermanas de convento, mi primera confesión.

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