CARTAS CHILANGAS (X)

Juan Patricio Lombera







Carta VII

México 21 de diciembre de 2019

Hola:
Continúo mi recorrido por mi amada ciudad, otrora conocida como Tenochtitlan. Hoy he tenido la oportunidad de visitar uno de los baluartes culturales de mi país; el Museo Nacional de Antropología e Historia ubicado entre las calles de Paseo de la Reforma y Gandhi. Curiosamente, en esa zona puedes encontrar, en pocos metros de distancia, las estatuas de Gandhi, Churchill y Tito. Los tres fueron líderes de sus respectivos pueblos durante la II Guerra Mundial, pero hasta ahí las similitudes. Los dos primeros eran enemigos y sabido es que el inglés llamó “faquir semidesnudo” al indio. Pero Tito qué demonios tiene que ver en esta ecuación. En fin, eran otros tiempos.

Para llegar a la entrada del museo, tienes que atravesar un enorme patio, en cuyo centro hay un enorme hueco donde cae una cascada a modo de fuente. Si llegas por Reforma, podrás contemplar la estatua de Tláloc; dios azteca de la lluvia. Mi padre me decía que el día que trasladaron la estatua a su punto definitivo, el dios no estuvo muy satisfecho y cayó un tremendo aguacero. Recuerdo una viñeta de Cuauhtémoc Cárdenas, primer alcalde de la ciudad de México electo por los ciudadanos en los tiempos modernos, suplicándole a Tláloc que le diera una tregua para poder hacerle unas chinampas a los ciudadanos. Una reproducción de una chinampa será lo que verás en el patio interior del museo. Entre las salas hay un enorme estanque donde ves juncos en hileras y, entre los juncos, porciones de tierra cultivada. Esta era una de las maravillas de la ingeniería de los prehispánicos, para ganarle terreno al agua que rodeaba todo Tenochtitlan.

No obstante, no quiero adelantarme. Después de comprar tus entradas y antes de ingresar al patio interior del museo, te recomiendo que desciendas por las escaleras en forma de caracol a la sala de proyecciones donde a través de una ingeniosa superposición de maquetas podrás recorrer la historia de la ciudad. La “película” apenas dura unos minutos, pero es muy instructiva. Pasemos al recinto. Lo primero que verás en el patio interior, antes incluso que el estanque con las chinampas, es un inmenso tótem circular tallado en piedra con jeroglíficos. En la parte superior del impostado monumento reposa un inmenso techo perimetral que cubre dos terceras partes del patio y llega a la altura de las salas. El tótem es una fuente de la cual cae una inmensa cantidad de agua. Si te acercas a menos de 5 metros del monumento acabarás mojado. En cuanto a las salas, una construcción de dos plantas en forma de U recorre todo el perímetro del patio. La planta inferior está dedicada a las culturas prehispánicas mientras que la segunda planta refiere el devenir de las culturas contemporáneas. Por otra parte, existe un inmenso jardín que rodea las salas por la parte externa. En este jardín, se encuentran reproducciones de juegos de pelota, una maqueta de Teotihuacán y toda clase de reproducciones de chozas y tumbas indígenas. El jardín es un espacio ideal para tomar un descanso entre sala y sala, aunque en el patio interior también hay bancos corridos e incluso te puedes sentar en la estructura del estanque a tomar el sol.

Supongo que a estas alturas de mi narración ya estarás cansado de tanta descripción arquitectónica y querrás que entre en materia, pero te ruego un poco de paciencia para acabar de referirte los murales que hay en el museo. Curiosamente, el más bello es obra de un detractor de los murales llamado Rufino Tamayo cuyo museo se encuentra a 300 metros del actual y que es una obra moderna en piedra que no está mal. La obra de la que te hablo se llama dualidad y representa una lucha del día, representado por una serpiente, y la noche encarnado por un ocelote. Existen también murales de Siqueiros. Dicho sea de paso, el pintor comunista que intentó asesinar a Trotski fue arrestado por criticar al presidente cuando estaba haciendo su obra en el museo. No obstante, en lugar de presentarse ahí las autoridades y arrestarlo, decidieron esperarlo a las puertas de su casa. Cuando su esposa Ángela iba a detener el motor del coche en el que iban, cuatro agentes salieron armados de los alrededores y se acercaron, pero no contaron con la bravura de la doña que pisó el acelerador y huyó del lugar. Obviamente, el intento de arresto fue una auténtica chapuza como dirían los españoles. Siqueiros siempre dijo que los agentes querían matarlo a él y a su esposa. Parece una respuesta propia de un neurótico, pero si tenemos en cuenta que el asesino de López Mateos mandó matar al guerrillero Jaramillo, 3 años después de que el presidente lo amnistiase y el guerrillero dejase de combatir, los temores de Siqueiros parecen estar justificados.

La primera sala está dedicada a las migraciones. Un mapamundi con la leyenda de África para el mundo explica cómo los primeros humanos salieron del continente africano a Europa para luego ir a Asia y de ahí saltar al continente americano por el estrecho de Bering, aunque también se dice que hay una teoría que afirma que los primeros pobladores de América eran mongoles. Las explicaciones están adornadas con maquetas quizá fantasiosas de indígenas lanzando lanzas a un mamut gigantesco. Pasos más adelante encuentras huesos de mamut. Las siguientes salas están adornadas con las esculturas de las primeras culturas y cerámica. Se trata de obras sencillas que destacan los atributos sexuales femeninos ya que consideraban que existía una relación entre la reproducción y la fertilidad de las tierras. Una vez me dijiste que si un espectador contemplara durante un minuto una y cada una de las obras del Hermitage tardaría una década en recorrer todo el museo. Si yo tuviese que describir todas las piezas del museo tardaría más, pero sobre todo por mi incapacidad descriptiva. Existe un cambio fundamental en el museo que yo conocí y el que actualmente visitan miles de turistas todos los años en la actualidad. Me da la impresión de que el espacio que ocupaban algunas piezas ha sido sustituido por reproducciones de estatuas famosas como los Atlantes de Tula que, como no, algunos imbéciles afirman que se trata de extraterrestres como si los indígenas no pudiesen elaborar esas enormes estatuas sin tener un modelo de carne y hueso en frente. Tula fue la ciudad primigenia antes del auge de Teotihuacán. Curiosamente las esculturas de ese primer periodo suelen ser aparentemente bastante expresivas con hombres de brazos alzados y caras sonrientes. No siempre se trata de reproducciones literales del cuerpo humano. Podemos ver vasijas antropomórficas, cabezas coronadas con un enorme círculo de piedra tallado y, en su centro un hueco para brasero. La sala dedicada a Teotihuacán está llena de reproducciones de estelas de este conjunto de pirámides que se encuentran a unos 80 kilómetros de la capital en dirección a Pachuca. Entre estas, destaca el templo de Quetzalcóatl con sus conchas de mar y la cara de una serpiente emplumada. También aparece la figura de Xólotl en forma de perro. Un gran acierto es que todas las salas y el templo mismo están pintados con los colores originales de los cuales quedan vestigios en la piedra desnuda. Es una oportunidad de ver cómo era realmente ese templo, pero también es una forma de facilitarles las cosas a los turistas. Dar la medicina con dulce.

La siguiente sala es la más impresionante de todo el museo. Es la dedicada a Tenochtitlan. En ella podrás ver el famoso calendario azteca encontrado en 1790 en el Zócalo de la ciudad de México; en aquel entonces Plaza Mayor de la Nueva España. Esta enorme piedra redonda con las fechas de las cosechas y recolectas también era poli cromática. Encontrarás también en esta sala; la famosa vasija zoomórfica en forma de mono hecha en obsidiana, una escultura de un ocelote, representación de Tezcatlipoca (uno de los dioses creadores con Quetzalcóatl), una maqueta del templo mayor, así como un mural de la ciudad con sus cuatro avenidas centrales rodeadas de agua y los propios canales de la misma. Además, hay códices que hablan del surgimiento mítico de los mexicas saliendo de Aztlán, una isla en un inmenso lago que, hasta la fecha, no sabemos dónde está. Falta en esa sala el auténtico penacho de Moctezuma -hay una copia-, que, como sabes se encuentra en un museo de Viena que me negué a visitar durante mi visita a la bella ciudad de los valses bañada por el Danubio.

Realicé mi visita con mi madre que, dada su avanzada edad, ya no puede hacer las caminatas de hace una década. Por ello, abandonamos el museo tras visitar esta sala. Me quedé con las ganas de ver la famosa máscara de Jade. Después de la visita nos dirigimos a la cafetería del Museo Tamayo. Se trata de una terraza rodeada de árboles atendida por muchachos y muchachas jóvenes y guapos. En el fondo me dieron pena, pues en su afán por agradarme la guapa muchacha que nos atendió reía exageradamente mis bromas y siempre tenía una mirada amable, como si tuviera un interés por este amigo tuyo de pelo entrecano. En fin, me hizo pasar un buen rato y le di una generosa propina, pese a que la cuenta fue cara. 40 euros por una sopa de flor de calabaza, dos platos de tacos y 2 cervezas más un café. Supongo que hay que pagar el idílico entorno.

Finalmente, retornamos a casa en coche. Una cosa que no ha cambiado con respecto a mis días es el tráfico. Tardamos media hora en recorrer menos de 5 kilómetros y eso que se supone que la ciudad se ha vaciado por las fiestas decembrinas. Te agradezco mucho que te hayas tomado la molestia de mandarme un regalo pese a que no crees en la Navidad y lamento no haberte correspondido, pero prometo que cuando vengas a esta ciudad, seré tu fiel Cicerón. Un fuerte abrazo.

(Continuará…)

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