Los cachirules y la política

Juan Patricio Lombera








Hace 30 años, México no pudo jugar el mundial de futbol Italia 1990, pero en esta ocasión el fracaso no se debió, como ocurriría 9 años atrás, por un mal desempeño de los jugadores o por un patético entrenador de apellido Cárdenas. No. En esta ocasión, la eliminación se debió a un vergonzoso caso de alteración de la edad de los jugadores que participaron en la eliminatoria regional para el mundial sub 20 que se llevaría a cabo en Arabia Saudí en 1989. Aquel año, por primera vez, la Federación Mexicana de Futbol publicó el anuario de la liga con los datos biográficos más relevantes. Un avezado periodista descubrió que las fechas de nacimiento de 4 jugadores que participaban en la eliminatoria los invalidaban para participar en dicho evento. Escribió un artículo advirtiendo del peligro de hacer trampa. La FIFA, harta de ver en cada competición de esta naturaleza cómo aparecían selecciones en las que todos los jugadores tenían la misma fecha de nacimiento, había dejado claro que no permitiría que estas trampas se repitiesen.

México consiguió su pase al mundial sub 20, pero pese a que varios de los jugadores eran mayores (según uno de los cachirules, todos rebasaban la edad salvo dos) los resultados habían sido mediocres. Incluso la selección de Costa Rica había goleado al combinado tricolor por 4-1. Por cierto, el término cachirul se basa en un personaje televisivo llamado “cachirulo”, cuyo actor aparentaba ser un niño, pero a la legua se notaba que se trataba de un adulto hecho y derecho. El presidente de la Federación Mexicana de Fútbol; Rafael del Castillo, lejos de negar la acusación del periodista de Ovaciones, despreció al periodista. Sin embargo, esta acusación fue recogida por uno de los programas más populares de la televisión mexicana. Poco a poco, la bola de nieve fue creciendo y 5 días después La jornada publicó el acta de nacimiento de uno de los jugadores que rebasaba la edad. A esta publicación se sumarían otras 3 en los siguientes días. Los equipos perjudicados -Guatemala y Estados Unidos-, pidieron que se abriera una investigación que concluyó con la confirmación de las acusaciones. La FIFA eliminó a México del mundial sub 20 y marginó de por vida al presidente de la Federación Mexicana de Futbol y a su camarilla de dudosa honorabilidad. Dice un sabio refrán mexicano que el miedo no anda en burro y, en esa ocasión, se comprobó su veracidad. Rafael del Castillo, lejos de callarse la boca y asumir el castigo, quiso recurrir la sentencia y se mostró soberbiamente convencido de que conseguiría el indulto en Suiza. Nunca reconoció error alguno. Para él, la culpa era de los periodistas que habían destapado el escándalo. El resultado de su gestión fue que la selección mayor, aquella que tantas alegrías nos había dado dos años antes con jugadores como Hugo Sánchez, Negrete, Javier Aguirre, fue eliminada del mundial Italia 90. Sin embargo, pese a todo el escándalo, ninguno de los implicados fue a la cárcel y nunca se abrió juicio alguno.

En realidad, hay que situar toda esta vergonzosa actuación en el marco de un país en plena decadencia. 6 años atrás estallaba una de las peores crisis económicas de la historia de México. El presidente López Portillo se había endeudado a niveles nunca vistos confiando en la bonanza que traería el petróleo. Los precios del crudo bajaron abruptamente de la noche a la mañana y el país se quedó sin divisas, provocando una fuerte devaluación de la moneda. El sucesor de López Portillo; Miguel de la Madrid, prometió una renovación moral que se tradujo en el arresto de dos destacados miembros del anterior Gobierno. Especial alegría produjo el arresto del anterior jefe de la policía, el “negro” Durazo, que tenía un palacio llamado popularmente “el Partenón”. Cuando un periodista le preguntó en su día cómo había conseguido hacerse con esa mansión con un salario tan bajo, él respondió cínicamente que había sabido ahorrar. Eso fue todo en lo referente a la renovación moral. Por lo demás, en 1985, cuando el temblor destruyó media ciudad, el Gobierno demostró una total incompetencia a la hora de gestionar la crisis y fueron los propios mexicanos quienes se tuvieron que organizar para remover cascotes y salvar vidas. A pesar de todo lo anterior, el partido gobernante; el PRI, creía que era intocable y que todos los crímenes cometidos durante décadas, sus corruptelas y toda su incompetencia nunca le pasaría factura. Se creían impunes como los miembros de la Federación Mexicana de Futbol. 1988 marcó el principio del fin de la dictadura priista. Aquel año, Cuauhtémoc Cárdenas ganó las elecciones y sólo un mega fraude electoral pudo impedir su llegada al poder. Pasarían 12 años más, pero finalmente la dictadura perfecta se resquebrajó. Se dice que el deporte suele ser el reflejo de la situación del país y viceversa. En este caso, el adagio resultó muy cierto.

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