“Nosocomium”: una tragedia de Christ Gutiérrez-Rodríguez

David Jesús Flores Heredia







Pocas obras se han esperado con tanta expectativa, pocos escritores ostentan haber ganado el Premio Internacional Cope de Oro de la XVII Bienal de Cuento con Los caminantes de sonora, y, además, haber sido preseleccionado por el Bogotá 39/2017 del Hay Festival por su libro de cuentos Las siete bestias, y ser considerado por la crítica nacional e internacional como un narrador de acero y refinamiento, pues el chalaco Christ Gutiérrez-Rodríguez (Bellavista, 1982) lo ha conseguido, y no es por los cañonazos del marketing que inmisericordes definen el “estrellato cultural”, basta citar el escándalo de los premios *Planeta y el, más reciente, del **EspasaEsPoesía, sino porque Christ Gutiérrez-Rodríguez, es, con toda justicia, un gran talento.

Nosocomium es su primera novela, fue publicada en Junio de 2019 por Bisonte Editorial y Whaltari Books, y su trama podría resumirse con un extracto de la misma:

“Ahora. Hipotérmicos sobre esta montaña de años inútiles. Sujetados a esta antena de telecomunicaciones. A minutos de que Katiuska y yo cobremos el asfalto con nuestras cabezas sin cascos, revivo esa vieja historia de la gata y del escritor, y, pregunta mi desasosiego: ¿a quién puede interesarle la historia de amor de un limpia pisos tuberculoso que raptó a su tortuga tuberculosa para volverla tuberculosa metáfora?” (p. 11).

El estilo navega entre la crónica roja, la novela policiaca y el realismo sucio, con influencia de los peruanos Ciro Alegría, Jorge Salazar, los norteamericanos Steinbeck, Salinger y brindando reminiscencias del italiano Papini, la Biblia y el chileno Donoso. Está ambientada en la Lima urbana de los 80 hasta los 90, que remarca con una serie de citas detalladas respecto al conflicto armado, la escasez y la corrupción política, intercaladas con un sentir que emite:

“¿Qué monstruo exacerba el recuerdo del insomnio? Los años ochenta en el Perú. En la inmovilidad. Estar tieso, calculando, maquinando. El humo de las antorchas en los cerros. La hoz y el martillo. Una linterna asoma en la calle, es un padre esperando que su hijo regrese entero de la universidad, pasos raudos, ansiedad en las tinieblas…” (p. 43).

A pesar de las referencias –también de acontecimientos mundiales de la coyuntura abordada– no es ése el eje de su discurso, es solo la escenografía, su búsqueda o revelación, partirá de la discusión entre los más rígido del catolicismo y el tabú sexual, encarado en el personaje de la sexagenaria adinerada, Katiuska Searl, y la filosofía del auxiliar de enfermería, soñador, pobre, lector voraz, escritor de poesía y frustrado al no poder estudiar en la universidad, Arturo Vallejo, dentro de la habitación de la enferma.

Ellos son los héroes de una tragedia grecolimeña que se explica desde sus biografías hasta la cohesión de su amor, espacio donde se protegen contra ese mundo exterior prejuicioso, ignorante y cruel. El coro que los acuña es el futuro que aparece intermitente:

“(…) Todos tus compañeros de trabajo te necesitan, el administrador se ha comprometido, conservarás tu empleo. ¡Vallejo yo soy el capitán de bomberos, yo no miento! ¡La hija de la señora Katiuska está con un ataque de pánico! ¡Su madre, doña Madeleine quiere volver a verle!
Arturo Vallejo hizo el ademán de lanzar a Katiuska. Se escuchó un trueno de gritos entre la multitud” (p. 66).

La alusión al gran poeta César vallejo no solo se observa en el nombre del personaje principal, que además escribe poesía, sino en las citas del vate mundial que refuerzan varias escenas del libro:

“Mi Katiuska. ***Una araña incolora, cuyo cuerpo, una cabeza y un abdomen sangra (…) con tantos pies fantasmas la pobre. Su habitación parecía un invernadero nuclear. Sin brazos y sin piernas. Ella, el amor de mi vida” (p. 131).

La psicología de los personajes y del entorno ha sido trabajada con una precisión admirable:

“Han sido muchos los mohines que a lo largo de mi vida han machacado mi alma. Ha sido mucha la rabia de hocico que he aguantado por parte del género humano y de ciertos animales mayores. Me han puteado y he puteado yo más. Pero la forma en que Otto Brown arrugó y desniveló la jeta, su maligno modo de sesgarme sus escarabajos pardos, fueron de una insuperable y descomunal corrosión.
¡Es usted un subnormal, Arturo vallejo! ¿este libro –tartamudeó pestañas y lengua– le va a enseñar a limpiar bien un váter?” (p. 51).

Nosocomium, definitivamente, ha llegado para engrosar la lista de las grandes novelas de nuestra literatura nacional. Su historia está plasmada de una vorágine de sucesos que ponen a prueba la resistencia del espíritu, la redención, la piedad y, por supuesto, la fantasía.


(*) https://elpais.com/cultura/2017/02/10/babelia/1486723630_593071.html
(**) https://elpais.com/cultura/2020-09-19/los-premios-literarios-sujetan-el-mercado.html
(***) “La araña” – Los heraldos negros (Talleres de la penitenciaría de Lima, 1918).

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