Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El plan fallido”

Ítalo Costa Gómez






En el balneario de La Punta siempre han destacado los deportistas. Los expertos en Remo, natación, básquet, tabla, fútbol, vóley y, por supuesto, los runners. Se ven absolutos y fabulosos corriendo por la playa. Mi amiga Valeria y yo estábamos decididos a ser de ese grupo. Íbamos salir a correr todas las mañanas. Esta historia data de hace como diez o quince años atrás. Era una época en la que éramos demasiado jóvenes para estar muy preocupados por la salud, tampoco era por temas de peso porque éramos-somos bastante delgados… el asunto era vernos divinos. Queríamos parecernos a esas tías raaaagias que salían a correr con sus perros, sus lentes Gucci y sus airpods.

Iba a ser maravilloso contar que corríamos todas las mañanas. Se veía bonito en el CV. Además, pasábamos más tiempo juntos y nos matábamos de risa. Todo funcionaba. Lo malo es que al final el tiro nos salió por la culata y tuvimos que abandonar la iniciativa muy pronto.

Nunca se me ha dado verme regio haciendo deporte, alucina. No está escrito.

Cuenta la historia que ya teníamos como tres días corriendo. El día uno salimos dos vueltas, el segundo día salimos tres… y nos sentíamos divinos, entusiasmados. Les digo que Inés Melchor y Gladys Tejeda eran un par de aficionadas a nuestro lado. Regios nos hacíamos nuestras colas de caballo y bip bip, como el correcaminos.

Lo único malo es que como corríamos en el distrito que era, es y será siempre nuestro hogar entonces lógicamente veíamos a todo el mundo y Valeria – que siempre corría un poco más adelante que yo – volteaba y me daba el gesto como diciendo “mira, mira”… O yo notaba la presencia de alguien que me había gustado en el pasado o qué sé yo y trataba de alcanzarla y le hacía una seña con la cabeza como para que volteara.

Comprenderán que nos llenábamos de información nueva digna de compartir en un desayunito post correteadera.

¿Qué pasaba? Terminábamos de correr y nos íbamos a la casa y freíamos huevos, hacíamos dos panes con jamón y queso para cada uno, dos vasos de yogurt, tres tazas de café, galletas saladas, galletas de soda con mermelada, chocolatitos, jugos…

Habíamos hecho la tradición de la comelona del chisme después de salir a correr bien aplicados nosotros a la misma hora. Armar un banquete que ni el Rey Luis XIV en su cumpleaños.

Empezamos a darnos cuenta de que entre más pasaban los días que salíamos a correr más subíamos de peso. Nos asustamos horrible.

🎵 La pinta es lo de menos, éramos gordos buenos, alegres y divertidos. Era un gordito simpaticón.🎵

– Nuning (así me llama Valeria de cariño… proviene de “darling” que significa “querido”) el jean ayer me ha cerrado con las justas.
– Yo también me siento más pesado mira… mis piernas ya parecen buques, creo. Me quiero morir.
– Creo que ya fue, amigo. Ya mañana no salimos a correr porque vamos a terminar obesos, chismosos y desesperados.
– Tienes razón y la lipo está carísima.

Y así fue queridos que la vida sana me cerró las puertas de plano. Al menos en lo que a la corredera se refiere. No es lo mío, Not my thing.

Admiro a las personas que corren y caminan todos los días. Les doy like y me muero del amor porque se ven preciosos, pero, eso sí irreverentes dementes, no me pidan que los acompañe a menos que después me lleven a comer un pollo a la brasa con papas.

Ya saben. Run Forrest, run… but far far away.

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