NUEVO BESTIARIO CHICANO: “El muro”

Juan Patricio Lombera




A lo largo de los siglos, esta lombriz gigantesca de dimensiones variables siempre ha ofrecido seguridad a su entorno o, al menos eso es  lo que les hace creer a los habitantes de un país para que le den alimentos y la consientan. Algunos de estos especímenes se han vuelto mitológicos como fue el caso de la especie troyana en la antigüedad que habría nacido con ayudas divinas. Otras, a su contacto con el ardiente sol,  adquirieron una belleza única mezclando varios colores como ocurrió en Ishtar. El más longevo y largo de estos animales es, definitivamente, el que vive en China. Fue llevado ahí por un emperador paranoico que, para afianzar su seguridad personal, creó un ejército de piedra. Sin embargo, la historia es clara en ese sentido, Troya, Ishtar y desde luego China no consiguieron impedir la invasión de sus países, pese a amamantar a esas bestias. Los holandeses han alimentado históricamente una subespecie que los protege de las aguas marítimas. No obstante, quizá porque conocían la historia de los otros pueblos, no han dudado en matar a su lombriz anfibia en diversas ocasiones para enfrentarse a sus enemigos con la bravura de las aguas revueltas. Otro de los gusanos célebres fue el de Berlín, producto del miedo por la libertad. Finalmente, Los israelitas han pasado de lombrices y han decidido alimentar una boa constrictor con la esperanza de que algún día asfixie a los palestinos.

Sin embargo, la leyenda protectora del muro perdura a través de los siglos, independientemente de los hechos. Incluso se ha conseguido en algunos lugares, a través de la manipulación genética, crear lombrices con púas que hieren y envenenan a aquellos incautos que buscan saltar a través de ellas. En los años noventa, Clinton crió su propia lombriz. De forma callada le dio de comer hasta que esta cubrió un tercio de la frontera mexicano-americana.  En aquel momento nadie protestó. Con la llegada al poder del Trompaitor furioso, ésta situación ha cambiado radicalmente. Él pretende cebar al bicho hasta que cubra la distancia de 3000 kilómetros y amenaza con imponer sanciones a México para pagar los gastos de alimentación del muro. Otro de los atributos mágicos que se le atribuyen al muro es que, tras su desarrollo, se volverá a una arcadia perdida donde reinará el amor y el bienestar en el país que lo haya alimentado. Poco importa a los simpatizantes del bicho que esa utopía solo existía entre la especie blanca. Los días pasan y el bicho crece kilómetro a kilómetro, mas el ansiado paraíso no arriba. 

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