El derecho al suicidio

Juan Patricio Lombera






 “Todo hombre vive su propia vida y muere su muerte propia
Rainer Maria Rilke

Leo en el informe mundial de prevención del suicidio, que alrededor de 800000 personas se suicidan cada año. Prácticamente el 80% pertenece a ciudadanos de países pobres y es la segunda causa de muerte entre los jóvenes con edades que van desde los 15 a los 29 años. Hay una relación de 2 por 1 entre hombres y mujeres y, en los países ricos, el ratio puede aumentar a 3 hombres que se quitan la vida por una mujer. De igual manera, resalta el informe la necesidad de conocer los medios más populares empleados, para poder obstaculizar la meta de los suicidas y, visto que en muchas ocasiones se trata de actos impulsivos, ganar un tiempo precioso que puede conllevar el recapacitar en la decisión final.

Se trata en definitiva, de un amplio estudio multidisciplinar que busca concienciar a los gobiernos de la gravedad de la situación y reducir el número de muertos por esa causa paulatinamente. No obstante, en ninguna de las 92 páginas del informe, veo la falta de esperanza individual y colectiva como uno de los factores de suicidio. Dicho de otra manera, ¿qué nos ofrece esta sociedad del libre mercado en la que vales en función de lo que consumes para llegar a pensar que el mundo es maravilloso? ¿Qué futuro alternativo al de ser esclavos de las maquilas aporta este glorioso mundo nuevo para los habitantes desfavorecidos de países pobres? Peor aún, la robotización y por ende la pérdida de millones de empleos hacen más oscuro el futuro para todos los trabajadores del mundo. ¿Qué esperanza tienen los jóvenes de hoy (el mayor porcentaje de suicidas son jóvenes) que saben que los empleos del mañana, en muchos casos, serán realizados por robots? Esto último conllevará que muchos de ellos, por muy bien preparados que estén y por mucha vocación que tengan no puedan ejercer.

Por otra parte, cualquier Estado tiene la obligación de crear las bases mínimas para que sus ciudadanos puedan buscar su felicidad. Dicho de otra manera, el Estado debe proveer seguridad, estabilidad, libertad y acceso a la salud y a la educación a sus ciudadanos para que tengan una oportunidad de medrar. Un Estado como el salvadoreño o el sudafricano que no es capaz de asegurar la seguridad física de sus ciudadanos o como el de Haiti o Niger cuya economía es un completo desastre no tiene ningún derecho a poner trabas a aquellos ciudadanos que desean quitarse la vida. Lo mismo ocurre con el infierno terrestre también llamado Corea del Norte. ¿Qué derecho tiene Kim Jong Un a dificultarle a sus ciudadanos quitarse la vida después de habérselas hecho miserables en todos los sentidos? Ninguno. Por el contrario en todos esos casos debería de facilitárseles el trabajo. Una vez que el Estado ha fracasado en su misión básica, debería reconocer su error y crear macro salas suicidas en las que el desafortunado pudiese recibir un último deseo mientras que se le quita la vida de manera indolora mediante unas pastillas o cualquier otra solución. Desde luego, si Kim Jong Un fuera consecuente estaría feliz de deshacerse de todos los críticos con su despótico régimen. No obstante, amén de la moral religiosa sobre la materia, existe una razón por la cual los gobiernos de todos los signos políticos habidos y por haber intentan impedir que sus ciudadanos se quiten la vida. Y la razón es muy sencilla, cada suicidio representa un fracaso individual y colectivo. A mayor número de suicidios, mayor fracaso del Estado en el que ocurre. En la película “la vida de los otros”, el protagonista mencionaba que la oficina de estádistica de la RDA había dejado de informar acerca de los suicidios de sus ciudadanos tras constatar que solo otra nación comunista en Europa tenía peores cifras. Cómo se puede defender las bondades de cualquier régimen con esas cifras.

Por ello no es de extrañar que no solo no se facilite la labor sino que se oculte la información. En España, cada día 10 personas se quitan la vida en promedio. Sin embargo, los telediarios y la prensa no hablan de ello con la asiduidad que mereciera el caso. Precisamente, semanas atrás se dio luz verde a la regulación de la eutanasia en este país. El objetivo final es que los ciudadanos con enfermedades incurables que padezcan sufrimientos físicos y/o sicológicos puedan escapar de ellos con la eutanasia. La sociedad española, concientizada por los trágicos casos de Ramón Sampedro y María José Carrasco, ayudados por sus parejas a terminar con sus vidas ya que ellos no podían hacerlo por estar impedidos físicamente, apoya ampliamente esta ley. No obstante, el partido popular acusa al gobierno de buscar reducir con la eutanasia el número de personas dependientes a fin de economizar dinero a la Seguridad Social, mientras que VOX asevera que el gobierno busca equilibrar las cifras demográficas ante los bajos índices de natalidad.

En el fondo, lo que les molesta a esos partidos, al igual que en el caso del aborto, el divorcio o el matrimonio homosexual es que las personas elijan libremente qué hacer con su vida o con su muerte. Prohibir el suicidio o su intento, en aquellas naciones en que todavía está penalizado, implica convertir al ser humano en esclavo de dicho estado. De hecho, los romanos permitían a los ciudadanos suicidarse, pero se lo tenían severamente prohibido a los esclavos. “Ud. vive porque yo lo digo”. Negarle la eutanasia a una persona que sufre y desea morir, por otra parte, es un simple acto de sadismo.

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