El hombre nocivo: “Gog” De Giovanni Papini (1953)

Carlos E. Luján Andrade

 

 

 

 

Gog es un personaje peligroso, desafía a la humanidad desde su posición indolente, brutal y cínica. Es un hombre con las riquezas de un emperador con ansias de satisfacer su “epicureísmo cerebral de estos tiempos”. Renuncia a una vida de comerciante que lo ha hecho enriquecerse en demasía y decide explorar el mundo, conocer a los personajes célebres que con sus ideas han transformado el pensamiento contemporáneo. Ha recibido a los más insólitos personajes que le pedían algún tipo de ayuda económica a cambio de que los escucharan, y ha realizado grotescas empresas en las que ha puesto al límite la moral humana.

Giovanni Papini de forma radical nos presenta a un personaje intenso y brutal en sus actos y pensamientos. No da tregua a la esperanza humana. En cada una de sus historias podemos observar cómo las empresas más profundas del alma son expuestas como una desesperada acción de individuos arrinconados en sus propios deseos.

Así, leeremos un encuentro con un melancólico Freud, que confiesa su deseo primordial por ser un literato, un poeta y que ante la imposibilidad de manifestarse con ese arte, imaginó unos postulados que lo han llevado a ser considerado como un gran pensador de la psiquis humana. O el deseo de Ford, de desaparecer al obrero de las fábricas para ser liberado pero a la vez dominado por las máquinas. La visita a Gandhi también es desconcertante. Este le confiesa que gracias a su educación inglesa es que ha despertado en él su deseo de sublevación. Que en el fondo es solo un inglés que no quiere ser dominado. Si solo fuera un seguidor puro del hinduismo, permitiría que continuase el sometimiento. Su búsqueda de la independencia es una venganza del propio colonialismo. También visita a Einstein que descubre que después de millares de años de investigación y teorías del ser humano, la síntesis última de este se reduce a la fórmula física: “Algo se mueve”. Un Lenin cansado y enfermo recibe a Gog para decirle que desearía que un país debe asemejarse a un establecimiento penal pues los hombres son salvajes espantosos que deben ser dominados por un hombre sin escrúpulos como él, porque: “no siendo libres, están, al fin, exentos de los peligros y de las molestias de la responsabilidad y se hallan en condiciones de no poder hacer el mal. Apenas un hombre entra en prisión debe, por fuerza, llevar la vida de un inocente”.

Gracias a su dinero, Gog puede agenciarse el encuentro con estos y otros más célebres personajes que le confiesan el trasfondo de aquello que el mundo ve. Se elimina el idealismo que la sociedad les impone y se muestran como seres humanos que sufren las consecuencias emocionales de imponer su pensamiento al resto.

Ante él se presentan individuos que así como los personajes célebres, también desean ser escuchados. Sin embargo, sus ideas descabellas que lindan con la locura y la charlatanería, no siempre dejan de ser dignas de atención para Gog. Estos orates le plantean la música del silencio (¿alguien dijo John Cage?) el que desea contar la historia pero desde el final porque así comprenderíamos la real dimensión de los hechos sucedidos, la Soterología donde el ser humano pueda liberarse de la moralidad y devolverlo a su forma de bestia, al que desea hacer justicia antes que los criminales cometan un acto delictivo, el del teatro sin actores, la Paidocracia, al que exponía la conciencia de los minerales, el médico que quería colocar a la enfermedad como medicina o el escultor de humo que desafiaba la inmortalidad de las grandes obras porque: “cada obra es única y debe bastar para la alegría de un momento único. Que una estatua dure diez siglos o diez segundos, ¿qué diferencia hay con relación a la eternidad?, ¿qué diferencia si tanto aquella la de mármol como la de humo deben al final, desaparecer?

Pero Gog es otro individuo demencial que a diferencia de estos, él si posee el dinero para hacer realidad aquello que desea con fervor. No sin antes saber que todo aquello podría terminar en un tedio terrible. Así, tiene magos a su servicio para que alguno de ellos le pueda mostrar un milagro. Crea una selva para él mismo en medio de la ciudad, compra un país, colecciona gigantes, manda a buscar por todo el mundo sosías de grandes pensadores para construir un ficticio debate entre todos ellos, colecciona corazones o deseó emprender una industria de la poesía porque Gog creía que: “ninguno ha pensado, sin embargo, en “organizar” de un modo racional la fabricación de versos. Ha sido siempre dejado al capricho de la anarquía personal.”

En las otras historias de Gog observamos sus viajes como a una ciudad amurallada, abandonada en medio de un desierto, a los restos de ciudades otrora grandiosas o las reflexiones sobre distintos aspectos que lo inquieta: su rabia por ser un pequeño individuo ante lo grandioso del universo, la poca ambición del hombre contemporáneo al momento de edificar sus monumentos, sobre la invención del papel, su naturaleza efímera y el porqué de los hombres para que esta sea el soporte de todo su conocimiento.

Esta obra es amplia y profunda. Cada relato nos lleva a cuestionarnos sobre ciertas ideas preestablecidas. Gog pone en entredicho verdades sagradas y las somete a prueba. Papini pretende con esta descripción, vivencias y pensamientos de su personaje desnudar nuestros márgenes morales y filosóficos. Quizás sea una muestra real, un estudio crudo de lo que fue y es el hombre del siglo XX.

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