Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Pimpón al rescate”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

Ya es 2020! Y para empezar el año quiero contarles una bochornosa anécdota salpicada de serpentinas y pica pica. Una de las formas más obvias en las que mi cariño se manifiesta es cuando te canto algo. Como les he contado alguna vez yo vivía engañado jurándome más talentoso que Pablito Ruiz (si no se acuerdan o no estaban por aquí en esa época les dejo el link de esa historia al pie de esta) y bueno, resultó que no. Mi voz no estaba hecha, como yo pensaba, para resucitar a los perritos muertos. Canto mal.

Talento negado. Yo NO soy. Susy Díaz es una soprano a mi lado. Si Juan Diego Flores me oye cantar se lanza de la torre más alta de la Catedral donde se casó. Nadie voltearía su silla en The Voice por mí. Hola soledad.

[Siempre quise casarme en la Catedral, ahora que lo pienso. Sería la boda del año. Me pondría una tiara para engañar al incauto y piensen que soy un princeso de algún lejano país… ¿En qué iba? Ah, doy asco cantando. ¡Concéntrate oshe!]

Por lo tanto si yo te canto en tu cara pelada o te mando un audio por whatsapp cantándote significa que no tengo pudor contigo, que hay confianza absoluta y que no puedo evitar darte amor. He descubierto que las personas que más he amado en la vida me han escuchado cantarles y yo sé que lo hago mal pero nunca me dicen nada negativo. Ahí está mi punto: es puro amor.
De ida y de regreso.

Cuenta la historia que una amiga se casaba por civil y yo no voy a ningún tipo de ceremonia o reunión donde hayan muchas personas reunidas. It’s not me. Si algún día gano un Oscar mandaré un taxi a recogerlo. Así te la pongo. Mi amiga a la que llamaremos Delia sabía que no iba a ir a la boda, pero me pidió que fuera después de la ceremonia a su casa ya que estaría solo su familia directa para no estar totalmente “fuera de la foto”. No quería ir pero tenía qué. Tremendo honor el que me estaba haciendo y yo de pendejo ausente. Me saqué los ruleros y fui. Bien seguro de mí mismo, pobrecito.

Éramos diez personas haciéndole quecos a los hermosos recién casados (qué bellos se veían… nadie sospechaba que durarían casados solo siete meses) y entonces Delia tomó la palabra.

– En este día tan especial queremos agradecerles a todos. Nuestro hogar crece (bla bla bla…) y quiero pedirle a mi amigo Ítalo que cante la canción que me mandó antes de la ceremonia al celular porque me emocionó y quiero compartir eso con mi familia. ¡Adelante, a brillar!

[I beg your pardon??!?, ¿Me estás hablando en serio, loca de atar? No me puedes hacer esto. Te odio. Debo estar borracho. Me baja la presión horrible. La vida se me va, pendeja. Ahora si se sacó el ocho. Yo me largo]

La familia empezó a hacer palmas. Habrán pensado que cantaba como colibrí en celo. Habrán dicho “se parece a Patricio Suárez-Vértiz… seguro es de familia el talento”. No tenía salida.

Me paré digno al centro de la sala. Me solté el pelo (porque tenía cola de caballo) sacudí la melena y puse cara serena de alguien que te va hacer llorar de emoción y empecé.

[Me da vergüenza hasta redactarlo]

🎵 Pimpón es un muñeeeco gracioso y juguetón. Se lava la cariiiita con agua y con jabón. Se desenreda el pelo con peine de marfil y aunque se de tirones no llora ni hace así: buuuuuuuuuuu.🎵

– ¡Gracias a todos! – y me senté.

Hubo un par de segundos en los que se miraron todos calladitos hasta que el flamante esposo de Delia no aguantó la risa y todos se burlaron a carcajada suelta del floro de la chica antes de mi canción: “Me emocionó su canción y quiero compartirla con mi familia”. Obviamente esa no era la qué le mandé a ella pero de alguna manera debía salvarme.

– ¡Esa no es la canción!, Ítalo canta la que es. ¿Por qué eres así? Bien bonito me cantó de José José.
– Yo hago un número por día, sweetheart. Otro día canto más. Cuando se case tu hermanita que está ahí cagada de risa.

Me despedí al rato y nunca olvidaré lo que me dijo la mamá de la novia: “Muy lindo que hayas venido. Es tu casa siempre… pero no me cantes.”

No me cantes, me dijo.
La gente es una rata peluda. Algún día seré famoso y se arrepentirán de haberse burlado de mi Pimpón. De no valorar que se lave la carita con agua y con jabón Dove.

Very very bad. Shame on you, basura.

¡Feliz Año Nuevo y gracias por acompañar la columna irreverente un año más!

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