Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Cuando me llamó la pinche llama”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 

Mañana es Noche Buena, queridos amigos irreverentes. Qué rápido se ha pasado el año. Cómo pasa el tiempo, ¿cierto? En esta penúltima entrega del 2019 quiero justamente meterme en lo más profundo del túnel del tiempo y contarles sobre uno de los logros más grandes y cómicos de mi carrera.

Una de mis primeras experiencias laborales fue como “Jefe de Prensa” de un grupo musical que hacía covers pop en discotecas y pequeños eventos…

¿Cómo les explico? El grupo era un loco esquizofrénico calato bailando tap bajo la lluvia. Tocaban muy bien pero los integrantes eran inéditos, todos estaban dementes. El grupo se llamaba “G&Z”. Tenían tantos desordenes que me tenían que contratar a mí para manejarles la publicidad. Yo no tenía experiencia y además manejaba pocos contactos. Éramos un grupo de 15 cojudos saliendo de presentaciones en “Chulos” a las cuatro de la mañana ebrios, como Dios manda, hablando de con quién nos podíamos reunir a las 9am de ese mismo día para que nos haga una entrevista.

[Nada tenía sentido, no había plan de trabajo, no tenía ni pies ni cabeza. Estábamos felizmente locos y jurábamos que poco a poco podíamos convertir al grupo en algo así como Maná o Vilma Palma e Vampiros. Pobrecitos]

En ese grupo conocí a uno de mis mejores amigos, uno de mis más queridos compañeros de ruta hasta el día de hoy, Raúl Wadsworth. Él había entrado días después que yo como una de las voces principales. Él canta muy bonito y fue nuestro rostro en la presentación más importante que tuvimos. Nada más y nada menos que en La Feria del Hogar 2003.

[Era para no creerlo. Nos llamaba la llama y no nos conocían ni en pelea de gallos]

Habíamos llegado ahí porque “la amiga de una amiga de la prima hermana” del director musical trabajaba en esa importante convención histórica donde se vendía desde artículos para el hogar hasta cachorritos, había juegos mecánicos para niños, tiendas de todo tipo, comida por montones y grandes espectáculos musicales por las noches y llegaba todo tipo de prensa a cubrir El Gran Estelar. Todos los artistas nacionales querían formar parte de ese evento anual tan exitoso.

Hubo muy poco movimiento de publicidad previo a la presentación. Raúl y yo declaramos ese mismo día para RPP Noticias, CPN Radio y para otro medio más que tenía una oficina en la misma locación para anunciar a los grupos que se estaban presentando.

Ninguno de nosotros tenía claro cuánto íbamos a ganar. No sabíamos cómo había sido el arreglo económico ni nada. Todo el mundo era ajeno al tema de la plata. En ese punto era lo menos importante porque no podíamos creer que formábamos parte de esa foto. A nuestra edad y sin ser conocidos ni en la esquina era un sueño alucinante.

Llegó la gran noche, todos estábamos cansados pero entusiasmados. Empezó a tocar la banda (que por el look bien podía ser confundida con la del Choclito) las canciones pop más bailadas de la época y dos o tres letras propias. Todo salió medianamente bien. Aplausos tibios, un par de fans y canal siete grabando. Era mucho más de lo que esperábamos.

Cuando nos juntamos – al final de la presentación – para el abrazo correspondiente y los agradecimientos empezamos a ser llamados uno por uno para que nos pagaran. La hora del bitute. Los dineros.

Raúl y yo bromeábamos con el tema porque sabíamos que no iba a ser mucho pero nunca esperamos que pasara lo que finalmente sucedió. Lo llamaron a él primero y a los minutos lo vi regresar con cara de querer cagarse de risa y una bolsa en la mano.

– Te llaman cholito, pasa por cajatambo.

Fui con cara de ganador – ya que se supone que yo era una especie de jefe de todos esos alcohólicos – por tanto mi bolo debía ser un tanto más imponente.

Me senté frente al director musical que me dijo: “Gracias por tu trabajo, esperamos contar contigo en proyectos futuros… bla bla bla y aquí tienes. Disfrútalo”.

Me dio una bolsa grande que contenía un jean “Peter’s” talla 36 y un polo igual de gigantesco que tenía un logo horrible impreso en frente. Ese era mi pago. Ese era el pago para todos.

No pregunté más, no dije nada que no fuera: “Muchas gracias por todo” mientras trataba de ahogar la risa y tapar mi vergüenza.

Cuando salí con cara de “no entiendo” mi brother Raúl se empezó a matar de risa (y encima él tiene una carcajada fuerte, bien alta) y yo que soy otro escándalo pues estoy seguro que hasta a Guayaquil llegó el eco de las risas. A él le habían dado lo mismo pero tampoco le quedaba el lompa, era muy chiquito para él. No sabíamos si intercambiar. Nos dolía el estómago de tanto reírnos.

No nos quejamos con nadie, no pedimos más porque era un trabajo que amábamos hacer, con gente a la que queríamos mucho y hoy podemos contar que, alguna vez fuimos el espectáculo musical “mejor pagado” en la historia de los estelares de la Feria del Hogar y eso no lo puede contar cualquiera, sunshine.

¡Feliz Navidad a toda la familia de Periódico Irreverentes! Que pasen unas fiestas maravillosas.

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